Las relaciones casi algo es un nuevo término para designar a aquellas parejas que acuerdan unas maneras de relacionarse diferentes a las parejas tradicionales.
Estas nuevas modalidades de estar en pareja que recuerdan a los amigos con derechos, se sustentas en referentes donde el amor y la libertad parecen estar bien delimitados bajo un previo acuerdo entre las partes.
Luis Andrés Figueroa, psicoterapeuta, psicoanalista, nos da una radiografía de estas nuevas modalidades de estar en parejas, así como de los riesgos que entrañan y que valores las determinan.
¿De qué van las relaciones casi algo?

Figueroa describe este tipo de nuevas relaciones de parejas como una «nueva modalidad», en la que se puede esconder el miedo al compromiso.
«Yo creo que esto surge como una variante del miedo al compromiso, a perder la libertar, a dejar de ser yo»
En las relaciones casi algo las parejas parecen sentirse más seguro por estar en una relación donde se recibe y no se da, no se pierde la libertad.
¿Son validas de este tipo de relaciones?
Para el psicoterapeuta venezolano este tipo de relaciones de parejas no deben ser cuestionadas, siempre y cuando «sepan dónde están y hayan aceptado este acuerdo».
«Lo que concebimos nosotros como la forma de estar en pareja no es la única, hay muchas maneras de estar con alguien, y el hecho de que sea distinto a lo que nosotros conocimos no la invalida»
¿Por qué se llaman casi algo?
Las parejas casi algo son denominadas bajo este término porque no pueden ser definidas en términos totales o precisos. «Es casi un noviazgo pero no lo es, es casi un matrimonio pero no lo es». Ya que «hay que entender que no todas la personas quieren estar en un compromiso formal».
No obstante cuando una de las partes de las partes quiere no un casi algo, sino algo más allá, la relación entra en conflicto: «el asunto es cuando yo quiero un compromiso formal y me enamora de una persona que quiere un casi algo».
La honestidad en la pareja
La honestidad es un factor capital en la parejas casi algo, donde lo que se está dispuesto a dar y lo que se está dispuesto a recibir de la otra persona, quedé claro. De modo que así, a criterio del psicoterapeuta venezolano, «no hay dolor, no hay sufrimiento porque los dos sabemos dónde estamos y hacia dónde vamos».

