El contacto con agua fría no es simplemente un distractor sensorial, sino que desencadena una cadena de eventos neurológicos que fuerzan al cuerpo a desacelerar sus funciones de supervivencia

El uso de estímulos térmicos como herramienta para la regulación emocional ha ganado una base científica sólida en los últimos años. Esta técnica se fundamenta en una respuesta biológica involuntaria que permite al organismo transitar de un estado de alerta intensa a uno de mayor calma en cuestión de segundos.

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El mecanismo biológico del nervio vago

Cuando el agua fría entra en contacto con zonas específicas de la cara como la frente y las mejillas, el cuerpo interpreta este estímulo como una señal de inmersión. Este proceso activa el nervio trigémino, que a su vez estimula el nervio vago, el componente principal del sistema nervioso parasimpático.

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Estímulos térmicos: usando el agua fría para calmar la ansiedad | Foto de YI REN en Pexels

El nervio vago actúa como un freno natural para el corazón, enviando instrucciones inmediatas para reducir la velocidad de los latidos. Esta respuesta es especialmente útil durante crisis de ansiedad, donde el ritmo cardíaco suele elevarse de forma descontrolada.

La respuesta de inmersión en mamíferos

Este fenómeno se conoce técnicamente como el reflejo de inmersión mamífero. Es una adaptación evolutiva que optimiza la distribución de oxígeno cuando el rostro se sumerge en agua fría. Al activarse, no solo disminuye el pulso, sino que se produce una redistribución del flujo sanguíneo hacia los órganos vitales y el cerebro.

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Desde la perspectiva de la salud mental, este reflejo es una de las formas más rápidas de interrumpir un ataque de pánico o un pico de ansiedad, ya que el sistema nervioso se ve obligado a priorizar la calma física sobre la rumiación mental.

Aplicación práctica de la hidroterapia facial

Para aplicar este método de forma efectiva, la ciencia sugiere que el agua debe estar a una temperatura significativamente menor que la del cuerpo. Basta con salpicar el rostro con agua helada o colocar una compresa fría sobre los ojos y las mejillas durante unos treinta segundos mientras se mantiene la respiración de forma suave.

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Al realizar este procedimiento, se incrementa la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador clínico de resiliencia y salud del sistema nervioso. Es una técnica accesible y no farmacológica que permite retomar el control emocional en situaciones de alta demanda psicológica.

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