Aunque a menudo se percibe como una simple costumbre nerviosa, este hábito puede tener repercusiones significativas tanto en la salud física de las manos y la boca como en el bienestar emocional del individuo
La onicofagia es el hábito compulsivo de comerse las uñas. Un comportamiento que la psicología y la medicina clasifican dentro de los trastornos de control de impulsos. | (Imagen superior creada con IA en Google AI Studio)

Se estima que una gran parte de la población mundial ha practicado la onicofagia en algún momento de su vida. Especialmente, durante la infancia y la adolescencia, aunque en muchos casos persiste hasta la edad adulta.
Factores psicológicos y desencadenantes
Desde el punto de vista emocional, la onicofagia suele actuar como un mecanismo de autorregulación ante situaciones de estrés, ansiedad, aburrimiento o frustración.

El acto de comerse las uñas proporciona un alivio temporal a la tensión interna, funcionando como una vía de escape inconsciente. Sin embargo, este alivio es momentáneo y suele ir seguido de sentimientos de culpa o vergüenza. Esto puede generar un ciclo de ansiedad que retroalimenta el hábito. La psicología conductual sugiere que la onicofagia también puede estar relacionada con el perfeccionismo o con una dificultad para gestionar las emociones negativas de manera asertiva.
Consecuencias para la salud física y dental
El impacto de la onicofagia va más allá de la estética de las manos. El daño constante a la cutícula y al lecho ungueal facilita la entrada de bacterias, virus y hongos. Esto puede provocar infecciones dolorosas conocidas como paroniquia. Además, las manos son uno de los principales vectores de transmisión de enfermedades, y llevarlas a la boca de forma repetida aumenta el riesgo de infecciones gastrointestinales.

En el ámbito dental, este hábito puede desgastar el esmalte de los dientes y provocar microtraumatismos en las encías. E incluso, puede alterar la alineación de la mandíbula debido a la presión constante ejercida al morder.
Estrategias para el abandono del hábito
El tratamiento de la onicofagia requiere un enfoque multidisciplinar que aborde tanto la conducta física como la causa emocional subyacente. Las terapias de modificación de conducta, como la terapia de inversión de hábito, son altamente efectivas al enseñar al paciente a sustituir el acto de morderse las uñas por una acción incompatible y menos dañina.

El uso de esmaltes de sabor amargo funciona como un recordatorio consciente, pero suele ser más eficaz cuando se combina con técnicas de gestión del estrés y mindfulness. En casos severos, la intervención de un profesional de la salud mental es fundamental para identificar los disparadores emocionales y desarrollar herramientas de afrontamiento más saludables.
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