Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo, y gran parte de ellas son prevenibles mediante ajustes en el estilo de vida

Guía práctica para el control del colesterol | Imagen superior creada con IA en Google AI Studio

Arteria cercana al corazón humano, que comienza a acumular colesterol | Imagen creada por la IA en Google AI Studio

El colesterol es una sustancia grasa esencial para la síntesis de membranas celulares y la producción de vitamina D. No obstante, el desequilibrio entre el colesterol de baja densidad (LDL) y el de alta densidad (HDL) es un factor de riesgo determinante para la aterosclerosis.

A continuación, se detallan las estrategias basadas en evidencia para la gestión de los niveles lipídicos.

Reemplazo de grasas saturadas y trans

La calidad de los ácidos grasos ingeridos influye directamente en la producción hepática de colesterol. La American Heart Association recomienda un enfoque centrado en la sustitución de grasas perjudiciales.

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  • Grasas saturadas: Se encuentran en carnes grasas, mantequilla y aceite de palma. Su consumo debe limitarse a menos del 6% de las calorías diarias totales para reducir el LDL.
  • Grasas trans: Presentes en productos ultraprocesados y aceites parcialmente hidrogenados. Estas grasas son doblemente nocivas, ya que elevan el LDL y reducen el HDL.
  • Grasas insaturadas: El consumo de ácidos grasos presentes en el aceite de oliva, los frutos secos y el pescado azul ayuda a mejorar el perfil lipídico general.

El rol de la fibra soluble en la dieta

La fibra soluble forma un gel en el sistema digestivo que se une a los ácidos biliares (compuestos por colesterol) y facilita su excreción. Este proceso obliga al hígado a utilizar el colesterol excedente en la sangre para producir más bilis.

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De acuerdo con la Mayo Clinic, el consumo de 5 a 10 gramos de fibra soluble al día puede reducir significativamente el colesterol LDL. Los alimentos con mayor concentración incluyen:

  • Legumbres como lentejas y garbanzos.
  • Granos integrales, especialmente la avena.
  • Frutas cítricas y manzanas.

Actividad física y optimización metabólica

El ejercicio no solo ayuda a mantener un peso saludable, sino que aumenta la eficiencia de las enzimas que transportan el colesterol desde el torrente sanguíneo hacia el hígado.

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Las pautas clínicas sugieren un mínimo de 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, como caminar a paso ligero, nadar o montar en bicicleta. La pérdida de peso, incluso en un rango del 5% al 10%, está estrechamente correlacionada con una reducción en la producción de triglicéridos y colesterol total.

Impacto del tabaquismo y el alcohol

El tabaquismo altera la forma en que el cuerpo maneja el colesterol. La exposición a las sustancias del tabaco daña la función del HDL para transportar el exceso de grasa de regreso al hígado. Al abandonar el tabaco, los niveles de HDL pueden aumentar hasta un 10% en pocos meses.

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Respecto al alcohol, aunque el consumo moderado se ha asociado históricamente con beneficios cardiovasculares, estudios recientes indican que cualquier ingesta puede elevar los triglicéridos y la presión arterial, por lo que la recomendación actual es la moderación absoluta o la abstención.

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