Un estudio liderado por el Hospital Universitario de Copenhague ha arrojado luz sobre la relación causal entre ciertos marcadores físicos y la neurodegeneración. Así, se identifican variables específicas que pueden modificarse para reducir el riesgo de desarrollar cuadros demenciales
Demencia y salud metabólica | Imagen superior de Viridiana Rivera en Pexels
La salud cognitiva en la etapa adulta depende en gran medida de la gestión de factores metabólicos y hábitos de vida durante las décadas previas.

Investigaciones recientes han consolidado la evidencia de que enfermedades crónicas no transmisibles actúan como catalizadores en el deterioro de las funciones cerebrales.
El impacto del metabolismo y la presión arterial en el cerebro
La investigación encabezada por la doctora Ruth Frikke Schmidt establece una conexión directa entre un índice de masa corporal elevado y la hipertensión arterial con la aparición de la demencia. El sobrepeso y la obesidad generan un estado inflamatorio crónico que afecta la integridad de los vasos sanguíneos cerebrales.

Por su parte, la hipertensión arterial somete a las arterias a una presión constante que puede causar microlesiones en el tejido nervioso. Estos hallazgos sugieren que el control riguroso de la presión y el peso corporal no solo beneficia al sistema cardiovascular, sino que es una medida de protección neurológica fundamental.
Factores de riesgo acumulativos y sinérgicos
Además del peso y la presión, existen otros factores que incrementan significativamente la probabilidad de sufrir demencia, como la diabetes y el colesterol alto. Estos trastornos metabólicos alteran el suministro de glucosa y oxígeno al cerebro, acelerando el envejecimiento celular.

El tabaquismo y el consumo elevado de alcohol actúan como neurotoxinas adicionales que destruyen las conexiones sinápticas. Cuando varios de estos problemas coinciden en una misma persona, su efecto no solo se suma, sino que se potencia, creando un entorno biológico altamente favorable para el desarrollo de trastornos cognitivos.
Estrategias de prevención basadas en la evidencia
Los resultados publicados en The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism enfatizan que la prevención de la demencia debe abordarse desde la mediana edad.

La implementación de cambios en el estilo de vida orientados a estabilizar los niveles de glucosa, reducir los lípidos en sangre y eliminar el consumo de sustancias nocivas puede cambiar la trayectoria de la salud cerebral. La identificación del IMC y la hipertensión como causas directas permite a los profesionales de la salud diseñar intervenciones más precisas y personalizadas, transformando la gestión de la salud metabólica en una prioridad para la longevidad mental.
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