El consumo excesivo de alcohol actúa como una neurotoxina directa. Ésta deteriora la estructura y el funcionamiento del cerebro, acelerando procesos de degeneración cognitiva que pueden derivar en diversos tipos de demencia

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La evidencia científica actual demuestra que la exposición prolongada al etanol no solo destruye neuronas, sino que también interrumpe la comunicación entre diferentes regiones cerebrales. Así, afecta funciones críticas como la memoria, el juicio y el control de los impulsos. Comprender estos mecanismos es vital para implementar estrategias de prevención y mitigar el daño neurológico en la población adulta.

Alcohol y salud cerebral | Atrofia o daño estructural

El consumo crónico de alcohol provoca una reducción medible en el volumen de la materia gris y blanca del cerebro. Esta atrofia es especialmente pronunciada en la corteza prefrontal, el área responsable de la toma de decisiones y el comportamiento social, así como en el hipocampo, una estructura fundamental para la formación de nuevos recuerdos.

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La pérdida de densidad neuronal y la alteración de la integridad de los axones dificultan la transmisión de señales eléctricas, lo que se traduce en un declive cognitivo progresivo. Además, el alcohol interfiere con la capacidad del cerebro para repararse a sí mismo, limitando la neurogénesis y acelerando el envejecimiento biológico del tejido nervioso.

El alcohol como factor de riesgo para la demencia

La relación entre el alcoholismo y la demencia es multifactorial, involucrando daños vasculares y deficiencias nutricionales graves. El consumo excesivo está estrechamente ligado a la deficiencia de vitamina B1 o tiamina, lo que puede desencadenar el síndrome de Wernicke Korsakoff, una forma de demencia caracterizada por amnesia severa y desorientación. Asimismo, el alcohol eleva la presión arterial y aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares, lo que contribuye al desarrollo de la demencia vascular.

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Los estudios epidemiológicos indican que las personas con trastornos por consumo de alcohol tienen una probabilidad significativamente mayor de presentar un inicio temprano de deterioro cognitivo en comparación con quienes mantienen un consumo moderado o nulo.

Alcohol y salud cerebral | Neuroinflamación y estrés oxidativo

Más allá del daño estructural directo, el alcohol desencadena una respuesta inflamatoria crónica en el sistema nervioso central. Al activar las células de la microglía, el consumo excesivo genera una liberación constante de citoquinas proinflamatorias que dañan las células sanas circundantes.

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Este proceso se ve agravado por el estrés oxidativo, donde el metabolismo del alcohol produce radicales libres que atacan las membranas celulares y el ADN de las neuronas. Esta inflamación persistente no solo contribuye a la demencia alcohólica, sino que también puede exacerbar la patología de otras enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, al acelerar el depósito de placas de proteína beta amiloide en el cerebro.

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