Las altas temperaturas son un factor que desencadena un aumento en los casos de cálculos renales. ¿Por qué sucede esto? La respuesta se encuentra en los mecanismos de nuestro cuerpo al enfrentar el calor y en los cambios que esto provoca en la composición de nuestra orina.

Cuando hace calor, nuestro cuerpo activa sus mecanismos de termorregulación para mantener una temperatura interna estable. Sudamos más, perdiendo grandes cantidades de agua y electrolitos. Si no reponemos estos líquidos adecuadamente, nos deshidratamos. Esta deshidratación concentra la orina, aumentando la concentración de minerales y sales que pueden cristalizar y formar cálculos renales.

cálculos renales

Imagen de Colin Behrens en Pixabay

La deshidratación: el principal culpable

La deshidratación es el principal factor de riesgo para la formación de cálculos renales durante los meses cálidos. Al beber menos agua, la orina se vuelve más concentrada, lo que favorece la precipitación de los cristales que forman las piedras. Además, la disminución del volumen urinario reduce la frecuencia con la que se eliminan las sustancias que podrían formar cálculos.

Otros factores que influyen:

  • Dieta: Una dieta rica en proteínas animales, sodio y oxalato (presente en algunos vegetales) puede aumentar la probabilidad de formar cálculos.
  • Estilo de vida sedentario: La falta de actividad física puede disminuir la filtración renal y favorecer la formación de cálculos.
  • Factores genéticos: Algunas personas tienen una predisposición genética a formar cálculos renales.

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Prevención de los cálculos renales en verano

Para prevenir la formación de cálculos renales durante los meses de calor, es fundamental:

  • Mantenerse hidratado: Bebe abundante agua a lo largo del día, incluso si no tienes sed.
  • Seguir una dieta equilibrada: Reduce el consumo de proteínas animales, sodio y alimentos ricos en oxalato.
  • Hacer ejercicio regularmente: La actividad física ayuda a mantener los riñones saludables.
  • Evitar la exposición prolongada al sol: Protégete del sol para evitar una sudoración excesiva.

En conclusión, el calor aumenta el riesgo principalmente debido a la deshidratación. Al tomar medidas preventivas como mantener una buena hidratación y seguir una dieta saludable, puedes reducir significativamente el riesgo de sufrir esta dolorosa afección.