El flujo sanguíneo hacia el cerebro mejora considerablemente en mujeres mayores con la realización de caminatas a paso ligero.

Una investigación realizada en el Hospital Presbiteriano de la Salud del Instituto de Texas, sugiere que nunca es demasiado tarde para que las mujeres gocen de los beneficios del ejercicio aeróbico.

En el estudio realizado a 16 mujeres mayores de 60 años, se determinó que caminar  tres o cuatro veces por semana, durante 30 a 50 minutos,  mejora el flujo sanguíneo cerebral hasta en un 15%.

Al inicio de la investigación se aplicaron ecografías Doppler a las participantes, para medir su flujo sanguíneo en las arterias carótidas, ubicadas en el cuello.

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Después de evaluar la salud física de las participantes y medir su consumo máximo de oxígeno, se inició un programa de entrenamiento ajustado a las medidas y condiciones físicas de cada una.

Datos del estudio

Entre el 50 a 60% de las participantes inició con un ritmo base de 30 minutos por sesión, tres veces a la semana.

Al tercer mes, se aumentaron las sesiones a 50 minutos cada una, cuatro veces por semana. Y de un 70 a 80% de las mujeres que continuaron entrenando en sesiones de 30 minutos, se le sumaron dos sesiones más.

Flujo sanguíneo al cerebro 1
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El flujo sanguíneo en las arterias carótidas de las participantes se midió nuevamente al final del estudio. El equipo  encontró que este había aumentado un promedio respectivo de 11% y 15% en las arterias carótidas internas izquierda y derecha.

Según los investigadores, estos resultados proporcionan una idea de cómo la salud vascular afecta la salud del cerebro.

Muchos estudios sugieren que el ejercicio optimiza la función cerebral en los adultos mayores, pero no se sabe con exactitud  por qué este estudio podría vincularse a una mejora en el suministro del flujo sanguíneo al cerebro.

Flujo sanguíneo en el cerebro

El  flujo constante y saludable de la sangre al cerebro lleva oxígeno, glucosa y otros nutrientes vitales para su  salud.

Este flujo también es el encargado de lavar al cerebro de desechos metabólicos, como la proteína amiloide-beta; liberada en los vasos sanguíneos del cerebro y asociada con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Aun cuando no se ha determinado si el aumento del flujo sanguíneo al cerebro mejora el aprendizaje y el razonamiento, hay evidencia para sugerir que el riesgo cardiovascular está ligado al riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

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