¿Alguna vez has sentido ese alivio inmediato al frotarte los ojos tras una larga jornada frente a la pantalla? Es un gesto casi instintivo que realizas sin pensar cuando sientes cansancio, sequedad o una leve picazón.
Sin embargo, lo que parece una acción inofensiva puede esconder serias amenazas para tu salud ocular. Al ejercer presión sobre tus globos oculares, podrías estar comprometiendo la integridad de tu visión y la estructura de tus ojos a largo plazo.

Los riesgos ocultos de este gesto cotidiano
Frotarse los ojos con frecuencia no es solo un mal hábito estético; es una agresión física directa contra un órgano extremadamente delicado. Aquí te detallo las principales consecuencias de mantener esta práctica:
- Deformación de la córnea: La presión constante debilita el tejido corneal, pudiendo derivar en patologías graves.
- Riesgo de infecciones: Tus manos transportan bacterias, virus y alérgenos que introduces directamente en la mucosa ocular.
- Daños estéticos y capilares: Al frotar, rompes pequeños vasos sanguíneos, lo que favorece la aparición de ojeras y líneas de expresión.
- Aumento de la presión intraocular: Este gesto eleva bruscamente la presión interna, algo especialmente peligroso si tienes predisposición al glaucoma.
La amenaza del queratocono y el daño estructural
Uno de los mayores peligros de este hábito es el desarrollo del queratocono. Esta patología consiste en el adelgazamiento progresivo de la córnea, la cual pierde su forma esférica natural para adoptar una apariencia cónica.
Como advierten especialistas en oftalmología, el frotado ocular es un factor de riesgo mecánico determinante. Al frotarte con fuerza, alteras las fibras de colágeno que mantienen la curvatura del ojo, provocando una visión distorsionada que puede requerir cirugía.
Si notas que tu visión se vuelve borrosa o que tu graduación cambia con demasiada frecuencia, podrías estar sufriendo las consecuencias de este hábito. Es fundamental que seas consciente de la intensidad con la que tocas tu rostro cada día.
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Alternativas saludables para calmar la molestia
Para evitar estos riesgos, debes buscar alternativas que no impliquen un contacto físico agresivo. El uso de lágrimas artificiales o colirios lubricantes es la opción más efectiva para limpiar la superficie del ojo sin dañarlo.
Si el picor es intenso, puedes aplicar compresas de agua fría sobre los párpados cerrados. El frío ayuda a reducir la inflamación y proporciona un alivio inmediato sin necesidad de ejercer presiones innecesarias sobre el globo ocular.
Recuerda que tu visión es un tesoro frágil que requiere cuidados específicos. Ante cualquier molestia persistente, lo más recomendable es que acudas a una revisión profesional para identificar la causa real del picor y proteger tu salud visual.

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