A menudo descrita como el ladrón silencioso de la visión, esta patología suele avanzar sin presentar síntomas evidentes en sus etapas iniciales
Glaucoma y salud ocular | Imagen superior de Vintage Laka en Pexels
El glaucoma representa una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo, caracterizándose por un daño progresivo en el nervio óptico.

El daño generalmente se asocia con una presión intraocular elevada, la cual interrumpe el flujo sanguíneo y la transmisión de señales eléctricas desde el ojo hasta el cerebro, provocando una pérdida gradual del campo visual periférico.
Mecanismos de la presión intraocular y drenaje
El ojo mantiene su forma y salud mediante la producción constante de un líquido transparente llamado humor acuoso. En un ojo sano, este fluido drena a través de una estructura denominada ángulo de drenaje. El glaucoma ocurre cuando este sistema de evacuación se obstruye o deja de funcionar correctamente, provocando que el líquido se acumule.

Este incremento de presión comprime las delicadas fibras nerviosas del nervio óptico. Existen dos variantes principales: el glaucoma de ángulo abierto, que es lento y asintomático, y el de ángulo cerrado, que puede presentarse como una emergencia médica debido a un aumento súbito y doloroso de la presión.
Factores de riesgo y grupos vulnerables
Aunque cualquier persona puede desarrollar esta afección, existen factores que incrementan significativamente el riesgo. La edad avanzada, antecedentes familiares de la enfermedad y condiciones médicas como la diabetes o la hipertensión son determinantes clave.

Asimismo, el uso prolongado de corticosteroides y haber sufrido lesiones oculares previas pueden predisponer al daño del nervio óptico. La detección temprana es fundamental, ya que el tejido nervioso dañado no puede regenerarse; por lo tanto, los exámenes oftalmológicos regulares son la única vía para identificar la patología antes de que la visión se vea seriamente comprometida.
Tratamientos actuales y preservación de la visión
El objetivo principal de cualquier tratamiento para el glaucoma es reducir la presión intraocular para detener el avance del daño. Las opciones actuales incluyen el uso diario de colirios medicados que disminuyen la producción de líquido o mejoran su drenaje.

En casos donde los fármacos no son suficientes, se recurre a procedimientos con láser o intervenciones quirúrgicas para crear nuevas vías de evacuación para el humor acuoso. Mantener una adherencia estricta al tratamiento y asistir a las revisiones de control permite que la gran mayoría de los pacientes conserven su visión funcional durante toda la vida, transformando una amenaza de ceguera en una condición crónica manejable.
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