Los protocolos de manejo se centran en la rehidratación oral y la vigilancia de signos de alarma para evitar complicaciones graves como la deshidratación severa
La gastroenteritis viral, comúnmente conocida como gripe estomacal, es una inflamación del revestimiento del estómago y los intestinos causada por diversos virus. Aunque el término sugiere una relación con la influenza, se trata de afecciones completamente distintas. (Imagen superior de Darko Djurin en Pixabay).

Identificar sus síntomas de forma temprana y comprender los mecanismos de transmisión es esencial para prevenir brotes, especialmente en entornos cerrados como escuelas o residencias.
Gripe estomacal | Mecanismos de contagio y duración del cuadro
El contagio se produce principalmente por la vía fecal oral, ya sea a través del consumo de alimentos o agua contaminada, o por el contacto directo con superficies u objetos donde el virus está presente. Los norovirus y rotavirus son los agentes más frecuentes y poseen una alta resistencia ambiental.

Una vez que el virus ingresa al organismo, el periodo de incubación suele ser de 12 a 48 horas. Los síntomas, que incluyen náuseas, vómitos, diarrea acuosa y calambres abdominales, suelen durar entre 1 y 3 días en casos leves, aunque en ciertas variantes virales las molestias pueden extenderse hasta por 10 días.
Identificación de síntomas y tratamiento clínico
La identificación clínica se basa en la aparición súbita de síntomas digestivos, a menudo acompañados de fiebre leve y dolores musculares. El tratamiento principal no incluye antibióticos, ya que estos no tienen efecto sobre los virus. La clave del manejo es la reposición de líquidos y electrolitos mediante sueros de rehidratación oral, evitando bebidas con alto contenido de azúcar que pueden empeorar la diarrea.

Se recomienda una dieta progresiva según la tolerancia del paciente, priorizando alimentos de fácil digestión. Es fundamental vigilar la disminución de la diuresis o la sequedad de mucosas, especialmente en niños y adultos mayores, quienes presentan un mayor riesgo.
Prevención y medidas de control sanitario
La prevención más efectiva sigue siendo el lavado de manos riguroso con agua y jabón, dado que los geles hidroalcohólicos no siempre son eficaces contra virus como el norovirus. En el hogar, la desinfección de superficies con soluciones cloradas y el manejo higiénico de los alimentos son medidas críticas para cortar la cadena de transmisión.

Con la llegada de nuevas vacunas contra el rotavirus en los calendarios sistemáticos de más países en 2025 y 2026, la incidencia de casos graves en la población infantil ha mostrado un descenso notable, subrayando la importancia de la inmunización como herramienta de salud pública.
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