El dolor de espalda es una de las dolencias más comunes en la población adulta, afectando la calidad de vida y la movilidad diaria. Comprender que la mayoría de estos episodios tienen un origen muscular permite abordar el problema desde la corrección de hábitos y la implementación de medidas preventivas eficaces
Guía práctica para fortalecer la espalda | Imagen superior de Sabel Blanco en Pexels
Entender la distensión muscular
La causa principal del malestar suele ser una respuesta del tejido muscular ante una carga excesiva o un movimiento brusco para el cual no estaba preparado. Cuando el músculo se estira más allá de su capacidad funcional, se produce una inflamación que genera dolor y rigidez. Este mecanismo es una señal de alerta del cuerpo que indica la necesidad de reposo relativo y un ajuste en la forma en que realizamos nuestras actividades cotidianas.

Higiene postural y hábitos diarios
Reaprender cómo nos movemos es el paso más importante para evitar recaídas. Mantener la espalda recta al estar sentados, evitar cruzar las piernas por periodos prolongados y asegurar que la pantalla del ordenador esté a la altura de los ojos son cambios sencillos que reducen la presión sobre las vértebras lumbares y cervicales. Al levantar objetos del suelo, la fuerza debe realizarse con las piernas, flexionando las rodillas y manteniendo la carga cerca del cuerpo para no sobrecargar los músculos dorsales.

El papel del ejercicio y el descanso
Un núcleo abdominal fuerte actúa como un soporte natural para la columna. Actividades como la natación, el método pilates o simplemente caminar de forma activa ayudan a tonificar la musculatura de sostén. Asimismo, el descanso juega un papel crucial. Contar con un colchón que mantenga la alineación de la columna y dormir en una posición que no fuerce el cuello son factores determinantes para despertar sin molestias.

Medidas de alivio inmediato
Ante la aparición del dolor, la aplicación de calor localizado puede ayudar a relajar las fibras musculares contraídas y mejorar el flujo sanguíneo en la zona afectada. Los estiramientos suaves, realizados de manera controlada y sin llegar al punto de dolor agudo, también contribuyen a recuperar la flexibilidad. Sin embargo, si el dolor persiste o se irradia hacia las extremidades, es fundamental acudir a una revisión profesional para descartar lesiones estructurales.

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