Este fenómeno sugiere que el envejecimiento no es solo el paso del tiempo, sino el resultado de un desgaste biológico acumulado donde el sistema inmunitario pierde su capacidad de resolución, manteniéndose en un estado de hiperactividad ineficaz que acelera el deterioro sistémico

El inflammaging representa uno de los mayores desafíos para la medicina preventiva contemporánea. A diferencia de la inflamación aguda, que es una respuesta necesaria y temporal del sistema inmune ante una lesión o infección, el inflammaging es una inflamación silenciosa y persistente que daña los tejidos sanos de forma progresiva.

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Los mecanismos biológicos del desgaste celular

A nivel molecular, el inflammaging se origina por la acumulación de desechos celulares y moléculas dañadas que el cuerpo no logra eliminar eficientemente. El estrés oxidativo desempeña un papel central al dañar el ADN y las mitocondrias, lo que provoca que las células entren en un estado de senescencia.

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Estas células senescentes, aunque dejan de dividirse, permanecen metabólicamente activas y segregan sustancias proinflamatorias que afectan a las células vecinas. Este efecto dominó crea un entorno químico que favorece la aparición de enfermedades crónicas, independientemente de la edad cronológica de la persona.

La microbiota y el eje inmunitario en el envejecimiento

La salud intestinal es otro pilar crítico en el desarrollo de este estado inflamatorio. Con el tiempo o debido a una dieta deficiente, la barrera intestinal puede volverse más permeable, permitiendo que fragmentos bacterianos y toxinas pasen al torrente sanguíneo.

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Esta condición, conocida como traslocación microbiana, mantiene al sistema inmunitario en alerta constante. El equilibrio de la microbiota es esencial para regular la respuesta inmune; cuando este equilibrio se rompe, se pierden las señales antiinflamatorias naturales, exacerbando el proceso de inflammaging y afectando órganos distantes como el cerebro y el corazón.

Estrategias de intervención y estilo de vida

Afortunadamente, el inflammaging es un proceso modulable a través de hábitos conscientes. La nutrición densa en antioxidantes, el ejercicio físico regular y la gestión del estrés son herramientas poderosas para reducir la carga inflamatoria.

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El ejercicio, por ejemplo, estimula la liberación de mioquinas con propiedades antiinflamatorias que ayudan a contrarrestar las citoquinas dañinas. Comprender que nuestras decisiones diarias influyen en la velocidad de nuestro envejecimiento biológico nos permite tomar el control de nuestra salud, transitando hacia una longevidad activa y funcional.

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