La ansiedad buena existe y puede ser de gran ayuda en nuestras vidas. Aunque nos cueste creerlo, podemos usar esta emoción como una herramienta para ser personas más productivas y resilientes. Quien lo dice es la neurocientífica Wendy Suzuki, profesora e investigadora del Centro de Ciencias Neuronales de la Universidad de Nueva York.

Suzuki tiene más de 25 años investigando sobre la plasticidad del cerebro y los efectos transformadores del ejercicio físico en la salud mental. También ha investigado sobre la ansiedad, tema de su más reciente libro titulado “Ansiedad buena: aprovechando el poder de la emoción más incomprendida”.

“Cuando comencé a investigar la ansiedad en mi laboratorio como neurocientífico, nunca pensé en mí misma como una persona ansiosa”, contó Suzuki en un artículo que escribió para el portal Make it, de la cadena CNBC.

“Hasta que comencé a notar las palabras que usaban las personas a las que analizaba, colegas, amigos e incluso yo misma para describir cómo nos sentíamos: ´preocupados´, ´nerviosos´, ´estresados´, ´distraídos´”, agregó.

Al ampliar detalles de su investigación con BBC Mundo, la investigadora señaló que, desde la perspectiva evolutiva, “la ansiedad fue diseñada para protegernos de los peligros de este mundo». El problema es que en el mundo actual los niveles de ansiedad colectiva son “demasiado altos”.

Para reactivar esas funciones protectoras que tiene esta emoción «necesitamos aprender a bajar el volumen de nuestra ansiedad”, sostiene Suzuki. Debemos “explorar lo que esos sentimientos incómodos asociados con nuestra ansiedad nos dicen sobre nosotros mismos. Y, al hacerlo, aprender más sobre nosotros, sobre nuestros sentimientos y nuestras vidas emocionales».

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción normal que se experimenta en situaciones en las que una persona se siente amenazada por un peligro externo o interno. Así lo explica el Dr. Felipe Ortuño Sánchez-Pedreño, codirector del Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra, España.

Hay que diferenciarla del miedo, que se produce cuando la persona se enfrenta a algo amenazante y que conoce y se prepara para responder. En la ansiedad, el sujeto “desconoce el objeto, siendo la amenaza interna y existiendo una dificultad en la elaboración de la respuesta”, dice el especialista.

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Es “normal” sentir ansiedad “leve y transitoria” si nos enfrentamos a un evento estresante. Pero pasa a ser “anormal” cuando es desproporcionada y demasiado prolongada para el estímulo que la desencadena.

Síntomas de la ansiedad

Los síntomas más habituales de la ansiedad son:

Palpitaciones

Sensación de ahogo

Angustia

Fobias

En la ansiedad infantil las manifestaciones son similares a las descritas para el adulto. Sin embargo, revisten un carácter especial las fobias (temores a la oscuridad, animales o a la separación de personas). También el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, por ser una patología de inicio generalmente en la niñez.

Cómo usarla a nuestro favor

En sus investigaciones, Suzuki descubrió que la ansiedad positiva se puede lograr. Y la forma más poderosa para hacerlo, dice, “es trabajar constantemente para desarrollar la resiliencia y fortaleza mental”.

“En este camino, aprenderás a apreciar o hasta agradecer ciertos errores por toda la nueva información que brindan”, sostiene.

Convertir la ansiedad en una herramienta positiva para nuestras vidas es posible. Lo podemos lograr con estos seis ejercicios que Suzuki asegura que practica a diario y que decidió compartir con todos. Estos son:

1. Visualiza resultados positivos

Al principio o al final de cada día, piensa en todas esas situaciones inciertas que hay actualmente en tu vida, incluyendo tanto las grandes como las pequeñas.

¿Recibiré una buena evaluación de desempeño?, ¿a mi hijo le irá bien en su nueva escuela?, ¿recibiré una respuesta positiva después de mi entrevista de trabajo?

Ahora toma cada una de esas situaciones y visualiza el resultado más optimista que puede tener la situación.

No solo el resultado bueno, sino «el mejor» resultado posible que puedas imaginar. Esta práctica permite entrenarse en el desarrollo de esperar resultados positivos.

2. Convierte la ansiedad en progreso

La plasticidad de nuestro cerebro es lo que nos permite ser resilientes durante tiempos difíciles: aprender a calmarnos, reevaluar situaciones, replantear nuestros pensamientos y tomar decisiones más inteligentes.

Es más fácil aprovechar esto cuando recordamos que la ansiedad no siempre tiene por qué ser mala. Considera estas proposiciones:

La ira podría bloquear tu atención y capacidad de desempeño, o podría impulsarla y motivarla. La ira agudiza tu atención y sirve como recordatorio de lo que es importante.

El miedo podría desencadenar recuerdos de fracasos pasados. Cuando eso ocurre, te quita la atención y disminuye tu desempeño. Pero también podría hacerte más cuidadoso con tus decisiones, ayudarte a profundizar tus reflexiones y crear oportunidades para cambiar de dirección.

La tristeza podría aplanar su estado de ánimo y desmotivarte, o podría ayudarte a cambiar tus prioridades y motivarte a transformar tu entorno, circunstancias y comportamiento.

La preocupación podría hacer que pospongas las cosas y evitar que logres tus metas, o podría ayudarte a afinar tus planes, ajustar tus expectativas y volverte más realista para que puedas orientarte a conseguir objetivos.

La frustración podría obstaculizar tu progreso y eliminar tu motivación, o podría desafiarte a mejorar.

Estas comparaciones pueden parecer simplistas, pero apuntan a opciones poderosas que producen resultados tangibles.

3. Prueba algo nuevo

En estos días es más fácil que nunca tomar una nueva clase en línea, practicar algún deporte o participar en un evento virtual.

No hace mucho, participé en un entrenamiento en vivo de Instagram con la campeona de Wimbledon, Venus Williams, donde usaba botellas como pesas.

Nunca había hecho algo así antes. Resultó ser una experiencia fantástica y memorable.

Mi punto es que de forma gratuita (o solo por un pequeño pago) puedes empujar tu cerebro y tu cuerpo a probar algo que nunca antes habías considerado.

No tiene por qué ser un entrenamiento y no tiene por qué ser difícil; puede ser algo justo por encima de tu nivel o simplemente fuera de tu zona de confort.

4. Comunícate con otras personas

Ser capaz de pedir ayuda, mantenerse conectado con amigos y familiares y fomentar activamente las relaciones alentadoras y de apoyo no solo te permite mantener la ansiedad a raya, sino que también refuerza la sensación de que no estás solo.

No es fácil de cultivar, pero la creencia y el sentimiento de que estás rodeado de personas que se preocupan por ti es crucial en momentos de enorme estrés, cuando necesitas recurrir a tu propia capacidad de recuperación para perseverar y mantener tu bienestar.

Cuando sufrimos una pérdida u otras formas de angustia es natural retirarse. Incluso vemos este tipo de comportamiento en animales que están de luto.

Sin embargo, también tienes el poder de empujarte hacia la compañía de aquellos que pueden ayudarte a cuidarte.

5. Practica el auto-tuit positivo

El artista Lin-Manuel Miranda publicó un libro en el que habla de los tuits que envía al principio y al final de cada día.

En él comparte lo que son esencialmente pequeños mensajes optimistas que son divertidos, singulares y en general encantadores.

Imagen de Anastasia Gepp en Pixabay

Si lo observas en sus entrevistas, verás a una persona intrínsecamente fuerte y optimista. ¿Cómo puedes llegar a ser tan resistente, productivo y creativo?

Claramente, parte de la respuesta son recordatorios positivos. No es necesario que los compartas con el público. La idea es animarse a hacerlo al principio y al final del día.

Si te resulta difícil, intenta pensar en qué te diría una persona que ha sido importante en tu vida (hermano, amigo, mentor, padre) y luego escribe el tuit o simplemente puedes decírtelo a ti mismo.

6. Sumérgete en la naturaleza

La ciencia ha demostrado una y otra vez que pasar tiempo en la naturaleza tiene efectos positivos en nuestra salud mental.

Algunos estudios han encontrado que puede aumentar significativamente tu bienestar emocional y resiliencia.

No necesitas vivir junto a un bosque para sumergirte en la naturaleza. Un parque cercano o cualquier entorno tranquilo con vegetación donde no haya mucha gente funcionará bien.

Respira, relájate y toma conciencia de los sonidos, olores y visiones. Utiliza todos tus sentidos para crear una mayor conciencia del mundo natural. Este ejercicio aumenta tu capacidad de recuperación general, ya que actúa como una especie de restauración de energía y restablece tu equilibrio.

Fuentes:

Make it
BBC Mundo
Clínica Universidad de Navarra

Imagen destacada: Dmitriy Ganin en Pexels