Los anticoagulantes son medicamentos que impiden que la sangre se coagule; se usan principalmente en pacientes con valvulopatías o síndrome coronario agudo.

Los anticoagulantes sirven para la prevención de trombosis y las embolias. La trombosis es un coágulo que se produce dentro de una vena o una arteria que puede obstruir.

Una embolia ocurre cuando se despega un trozo de ese coágulo y obstruye a otro vaso sanguíneo del organismo.

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Las trombosis

La trombosis sucede cuando se producen de forma indebida acumulación de plaquetas y proteínas de la coagulación en la circulación que obstaculizan el flujo sanguíneo.

Las trombosis se originan por el rompimiento de las placas de ateroma en las arterias; es ahí cuando las plaquetas forman un coágulo.

Asimismo, las trombosis arteriales se forman por depósitos de grasas en personas que tienen factores de riesgo cardiovascular; como la diabetes, tabaquismo, hipertensión arterial, exceso de colesterol o insuficiencia renal.

También pueden suceder porque la sangre circula en zonas donde se puede atascar; como por ejemplo, las venas inflamadas de personas con varices.

Esos coágulos se pueden desprender y circular por las venas de vuelta al corazón o las arterias pulmonares. Las trombosis venosas están relacionadas con la obesidad, el sedentarismo, el cáncer o fármacos como los anticonceptivos.

Tipos de anticoagulantes

Existen tres tipos de anticoagulantes que son:

Heparina: Son inyecciones que se administran vía subcutánea en la grasa abdominal una o dos veces al día; ajustándose al peso corporal; generalmente se utiliza para una anticoagulación rápida.

Anticoagulantes anti-Vitamina K: Este medicamento se administra y tiene un efecto más tardío que la heparina.

Anticoagulantes de Acción Directa: Son medicamentos que se toman vía oral de acción muy rápida. Bloquea el sistema de la coagulación en un determinado punto; permitiendo su uso de una dosis fija sin necesidad de realizar los controles de coagulación.

Los anticoagulantes
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Los anticoagulantes y las hemorragias

Como efecto adverso de los tratamientos anticoagulantes se puede llegar a sufrir de hemorragias; ya que se alteran los mecanismos de defensa naturales de nuestro organismo para detener el sangrado.

Por ejemplo, si los medicamentos se emplean en pacientes con ulceras del tubo digestivo podrían tener una hemorragia digestiva.

Otros factores que pueden generar hemorragias son:

  • Consumo de alcohol
  • Mal control de tensión
  • Uso excesivo de algún antiinflamatorio.

De todas las hemorragias, la más grave por su elevado índice de mortalidad es la cerebral.

Recomendaciones para uso de anticoagulantes

Es importante tener precauciones al ingerir cualquier tipo de medicamentos y los anticoagulantes no escapan de ello. En ese sentido, siga estas recomendaciones al momento de ingerir los fármacos:

  • Tome siempre el anticoagulante a la misma hora..
  • Evite exceder la dosis que su médico le colocó para cada día.
  • Si olvida tomar la dosis a la hora acostumbrada, no exceda la cantidad al día siguiente.
  • Evite tomar algún tipo de antiinflamatorio.
  • No cambie ni interrumpa un tratamiento sin consultar al médico..
  • Evite bebidas alcohólicas.
  • Si presenta síntomas como dolor de cabeza intenso o dificultad para el habla, pérdida de fuerza o trastornos de la visión consulte a su médico.
  • Si está embarazada consulte al médico.

Fuente: Cuídate Plus

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