Las mandarinas destaca como una de las frutas favoritas durante los meses de frío. Su aroma cítrico y la facilidad para pelarla la convierten en la merienda perfecta tanto para niños como para adultos. La mayoría de las personas busca en este cítrico una fuente natural de vitamina C para fortalecer el sistema inmunitario y combatir los resfriados estacionales. Sin embargo, un hábito muy extendido en los hogares impide que el organismo aproveche todo el potencial nutritivo de esta pequeña joya naranja.

Expertos en nutrición advierten sobre un error específico que los consumidores repiten a diario al pelar esta fruta. Muchas personas invierten tiempo en retirar minuciosamente cada filamento blanco que recubre los gajos. Esta obsesión por la limpieza estética de la pieza elimina, sin saberlo, los componentes más beneficiosos para la salud cardiovascular y digestiva. Si deseas obtener todos los beneficios de la mandarina, debes cambiar la forma en la que la consumes desde hoy mismo.

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Imagen de GK von Skoddeheimen en Pixabay

Las mandarinas y el valor nutricional del albedo o filamentos blancos

Esas pequeñas hebras blancas que solemos despreciar reciben el nombre científico de albedo. Esta parte de la fruta contiene una altísima concentración de flavonoides, especialmente hesperidina. Estos compuestos actúan como potentes antioxidantes que protegen los vasos sanguíneos y reducen la inflamación sistémica. Al quitar estas fibras blancas, pierdes una parte sustancial de la capacidad protectora que la mandarina ofrece a tu corazón y a tu circulación sanguínea.

Fibra para una mejor digestión y saciedad

El albedo también aporta una cantidad significativa de fibra soluble e insoluble, como la pectina. La fibra ayuda a regular los niveles de azúcar en la sangre, pues evita los picos de insulina que ocurren tras ingerir azúcares naturales. Además, masticar los gajos con su cobertura blanca mejora la salud de la microbiota intestinal y aumenta la sensación de saciedad. Si eliminas la fibra, transformas una fruta completa en una fuente de azúcar de absorción mucho más rápida y menos equilibrada para tu metabolismo.

¿Es mejor el zumo o la pieza entera?

Otro error frecuente consiste en sustituir la fruta entera por un zumo recién exprimido. Al exprimir las mandarinas, la mayoría de los nutrientes permanecen en la pulpa que desechas o se oxidan rápidamente al contacto con el aire. Los nutricionistas insisten en que el consumo de la pieza completa garantiza la ingesta de vitamina C y fibra de manera óptima. Masticar la fruta estimula la producción de enzimas salivales que inician correctamente el proceso digestivo, algo que el líquido simplemente no consigue.


Conclusión

Para aprovechar al máximo las propiedades de la mandarina, cómela entera y conserva esos pequeños hilos blancos que rodean los gajos. Este sencillo gesto multiplica los beneficios para tu salud y te permite disfrutar de todos los fitonutrientes que la naturaleza diseñó para protegerte.