Este procedimiento no solo representa un avance técnico extraordinario por la complejidad de la reconstrucción, sino que abre una nueva vía ética y clínica para ampliar la disponibilidad de órganos y tejidos en cirugías de alta especialización
Trasplante facial histórico | Imagen superior de Sasin Tipchai en Pixabay
El Hospital Vall d’Hebron de Barcelona ha marcado un hito en la medicina trasplantológica al realizar con éxito el primer trasplante de cara del mundo, procedente de una donación en asistolia controlada, tras la prestación de ayuda para morir o eutanasia.

La receptora es una mujer que sufría una grave deformidad facial secundaria a una infección necrotizante masiva que le impedía llevar una vida normal.
Trasplante facial histórico | Innovación en la técnica de donación y preservación
A diferencia de la mayoría de los trasplantes faciales previos realizados desde 2005, que dependían de donantes en muerte encefálica, este caso utilizó un protocolo de donación tras la determinación de la muerte por criterios circulatorios.

La cirugía requirió una coordinación milimétrica entre el equipo de extracción y el equipo receptor para minimizar el tiempo de isquemia, es decir, el periodo en que el tejido carece de riego sanguíneo. El uso de máquinas de perfusión regional normotérmica permitió mantener la viabilidad de los tejidos faciales, incluyendo piel, músculos, nervios y estructuras óseas, asegurando que el injerto mantuviera las condiciones óptimas para su integración funcional en la paciente.
Desafío quirúrgico y reconstrucción funcional
La operación, que se extendió durante más de doce horas, involucró a un equipo multidisciplinario. El mismo etuvo compuesto por cirujanos plásticos, maxilofaciales, anestesistas y personal de enfermería especializado.

El objetivo fundamental fue restaurar no solo la estética, sino las funciones vitales de la paciente, como la masticación, la deglución y la mímica facial. Para lograrlo, se realizaron microanastomosis de vasos sanguíneos y suturas nerviosas de alta precisión bajo microscopio. Esto permitirá que la nueva cara recupere sensibilidad y movimiento con el tiempo. El éxito de la intervención posiciona al Vall d’Hebron como un referente internacional en el manejo de desfiguraciones faciales severas.
Implicaciones éticas y futuro de los trasplantes
Este caso subraya la importancia de la ley de eutanasia en España y su integración con el sistema de trasplantes. Así, permite que la voluntad final de un paciente pueda contribuir al bienestar de otros. En 2026, la integración de protocolos de eutanasia y donación se ha consolidado como un modelo de generosidad que respeta la autonomía del donante.

Los expertos señalan que, aunque los trasplantes de cara siguen siendo excepcionales debido a su complejidad y al tratamiento de inmunosupresión de por vida, el éxito en Barcelona demuestra que los límites de la cirugía reconstructiva continúan expandiéndose para ofrecer esperanza a pacientes con secuelas físicas devastadoras.
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