El Ashtanga Yoga no es simplemente una rutina de ejercicio; es un sistema de autotransformación que combina fuerza, flexibilidad y una disciplina mental rigurosa. Popularizado en el siglo XX por Sri K. Pattabhi Jois en Mysore, India, este estilo se diferencia de otras formas de yoga por su estructura fija y su intensidad física.

El término «Ashtanga» proviene del sánscrito y significa «ocho pasos» (ashta: ocho, anga: ramas), haciendo referencia a los principios filosóficos descritos por el sabio Patanjali. Sin embargo, en la práctica moderna, el Ashtanga es reconocido mundialmente como un sistema de yoga dinámico que utiliza la respiración para purificar el cuerpo desde el interior.

Ashtanga Yoga
Foto referencial – Foto de Elina Fairytale

1. Pilares del Ashtanga: El sistema Vinyasa

La característica principal del Ashtanga Yoga es el Vinyasa, que es la sincronización del movimiento con la respiración. A diferencia de las clases de yoga «flow» donde las secuencias cambian cada día, el Ashtanga sigue un orden de posturas (asanas) predefinido y estricto.

Existen tres elementos clave conocidos como Tristhana, que deben mantenerse presentes durante toda la práctica:

  • La respiración Ujjayi: Una respiración sonora y profunda que calienta el cuerpo y mantiene la concentración.
  • Los Bandhas: Cierres energéticos o contracciones musculares en el suelo pélvico y el abdomen que proporcionan estabilidad y fuerza interna.
  • El Drishti: El punto de enfoque visual (como la punta de la nariz o el ombligo) para evitar distracciones y calmar la mente.

2. Las series: Un camino de progresión

El Ashtanga se divide en series de dificultad creciente.La mayoría de los practicantes dedican años a la Primera Serie, llamada Yoga Chikitsa, que significa «Yoga Terapia». Esta serie está diseñada para realinear la columna vertebral, desintoxicar el organismo y construir una base sólida de fuerza.

A medida que el estudiante domina una postura, el maestro le «otorga» la siguiente. Este enfoque fomenta la paciencia y la humildad, ya que el practicante aprende que el yoga no es una carrera, sino un proceso de refinamiento personal.

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3. Beneficios físicos: Cuerpo de acero y seda

La práctica regular de Ashtanga Yoga transforma la fisiología del individuo de manera integral:

  • Desintoxicación profunda: El intenso calor interno generado por la respiración y el movimiento provoca una sudoración profusa. Según la tradición, este «fuego purificador» elimina toxinas acumuladas en los músculos y órganos.
  • Fuerza y resistencia: Al sostener el peso del propio cuerpo en posturas de equilibrio de brazos y transiciones dinámicas, se desarrolla una musculatura larga, tonificada y funcional.
  • Flexibilidad real: A diferencia de los estiramientos pasivos, el Ashtanga utiliza la contracción de músculos opuestos, lo que permite ganar flexibilidad de forma segura y duradera.

4. Beneficios mentales y emocionales

Aunque el esfuerzo físico es evidente, el verdadero impacto del Ashtanga ocurre en la mente. Los practicantes suelen describir la sesión como una «meditación en movimiento».

  • Claridad y enfoque: Al mantener el Drishti (mirada) y el ritmo respiratorio, la mente deja de saltar de un pensamiento a otro, reduciendo drásticamente los niveles de estrés y ansiedad.
  • Disciplina y autocontrol: El compromiso de practicar seis días a la semana (la tradición sugiere practicar de domingo a viernes) forja una voluntad inquebrantable que se traslada a otras áreas de la vida, como el trabajo y las relaciones.
  • Equilibrio emocional: El yoga ayuda a liberar tensiones emocionales almacenadas en el cuerpo (especialmente en las caderas), permitiendo una mayor estabilidad ante las dificultades de la vida cotidiana.

Aunque tiene fama de ser una práctica «atlética», el Ashtanga Yoga es accesible para cualquier persona dispuesta a ser constante. No se requiere ser flexible para empezar; la flexibilidad es el resultado, no el requisito.Es ideal para quienes buscan estructura, para aquellos que necesitan un desafío físico para calmar su ruido mental y para quienes desean un camino espiritual profundamente arraigado en la tradición.

Practicar Ashtanga es, en última instancia, aprender a respirar a través de la incomodidad, una habilidad que transforma no solo cómo te mueves en el mat, sino cómo vives fuera de él.

Fuente: instyle

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