La dopamina es frecuentemente malinterpretada como la «molécula del placer». Sin embargo, en términos neurocientíficos, es la molécula de la motivación y la anticipación. Es el combustible que nos impulsa a buscar recompensas.

Emily McDonald, neurocientífica reconocida por su enfoque en la optimización mental, sostiene que no necesitamos estímulos externos (como redes sociales o azúcar) para elevar nuestros niveles de dopamina. Podemos hacerlo desde adentro, mediante la gestión consciente de nuestros pensamientos y rutinas.

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1. La visualización: Engañando al cerebro para el éxito

Uno de los pilares que McDonald enfatiza es que el cerebro, en muchos niveles subcorticales, no distingue entre un evento real y uno vívidamente imaginado.

Cuando visualizas con detalle el proceso de alcanzar una meta, tu cerebro comienza a liberar dopamina en anticipación a esa recompensa. Para que esto funcione, McDonald sugiere:

  • Enfoque en el «Cómo», no solo en el «Qué»: No solo imagines el trofeo; imagina el esfuerzo y la satisfacción de superar los obstáculos.
  • Involucrar los sentidos: Siente la textura, el aroma y la emoción del escenario imaginado. Esta riqueza sensorial fortalece las conexiones neuronales.

2. El diálogo interno y el reencuadre cognitivo

La forma en que nos hablamos a nosotros mismos cambia literalmente nuestra estructura química. McDonald explica que el estrés crónico y el pensamiento negativo mantienen niveles altos de cortisol, lo cual inhibe la función de la dopamina.

Para activar la dopamina a través del pensamiento, debemos practicar el reencuadre. Por ejemplo, en lugar de pensar «tengo que hacer este trabajo difícil», lo cual genera resistencia, el pensamiento debe dirigirse hacia: «¿Qué voy a aprender de esto?» o «Qué bien me sentiré cuando termine esta pequeña parte». Al fragmentar grandes tareas en pequeños «micro-objetivos» mentales, generamos picos constantes de dopamina cada vez que nuestra mente reconoce un avance.

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3. Gratitud: De la escasez a la abundancia

La gratitud no es solo un concepto filosófico; es un interruptor neuroquímico. Al practicar la gratitud de manera consciente, obligamos al cerebro a buscar estímulos positivos en el entorno.

«Donde va tu atención, fluye tu energía y tu química», suele mencionar McDonald.

Al pensar activamente en tres cosas por las que estás agradecido, el cerebro activa el sistema de recompensa, liberando no solo dopamina, sino también oxitocina, mejorando el estado de ánimo de forma inmediata y sostenida.

4. El ayuno de «dopamina barata» y el enfoque mañanero

Un punto crítico en las enseñanzas de McDonald es proteger nuestros receptores de dopamina. Ella advierte fervientemente contra el uso del teléfono celular apenas despertamos.

Al revisar redes sociales por la mañana, inundamos el cerebro con «dopamina barata» (estímulos rápidos y sin esfuerzo). Esto «quema» los receptores y hace que, durante el resto del día, los pensamientos productivos o el trabajo profundo resulten aburridos.

  • La alternativa: Practicar el silencio o la meditación matutina. Al mantener la mente en un estado de calma consciente, sensibilizamos los receptores, permitiendo que los pensamientos constructivos generen una respuesta de dopamina mucho más potente.

5. Neuroplasticidad: Cambiando el «set point»

A través de la repetición de estos pensamientos positivos y técnicas de visualización, aprovechamos la neuroplasticidad. McDonald señala que, con el tiempo, el cerebro crea vías neuronales más fuertes para el optimismo y la motivación. Lo que hoy requiere un esfuerzo consciente de pensamiento, mañana se convertirá en tu estado químico predeterminado.

Dominar tu dopamina a través del pensamiento es, en esencia, retomar el control de tu narrativa interna. Como sugiere Emily McDonald, tu cerebro es el software más avanzado del mundo; solo necesitas aprender a programarlo a tu favor.

Fuente: sabervivirtv

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