La telerrealidad ocupa un lugar privilegiado en la programación actual y cautiva a millones de espectadores cada noche. Estos formatos ofrecen una mezcla explosiva de conflictos, romances y competencia que genera una atracción difícil de ignorar. Sin embargo, detrás del entretenimiento ligero, este tipo de contenido esconde mecanismos psicológicos que moldean nuestra forma de pensar y sentir sin que apenas lo notemos. El espectador suele entrar en una dinámica de consumo pasivo que afecta su equilibrio interno.
Especialistas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) analizan cómo el consumo excesivo de estos programas influye directamente en nuestro bienestar psicológico. Los expertos advierten que la exposición constante a situaciones dramáticas y comportamientos extremos altera nuestra percepción de la realidad. Al encender el televisor, los individuos participan en un juego de espejos donde la salud mental suele llevarse la peor parte si no existe un filtro crítico.

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La trampa de la comparación social constante
En los realities, la edición presenta vidas fragmentadas que suelen enfocarse en el éxito rápido o en el conflicto tóxico. Cuando el espectador observa estos escenarios, activa automáticamente un proceso de comparación con su propia existencia. Muchas personas terminan sintiendo frustración o inseguridad al medir su rutina diaria frente a los estándares de fama y estética que impone la pantalla. Este hábito erosiona la autoestima, especialmente en los sectores más jóvenes de la audiencia, quienes buscan referentes de identidad en modelos de conducta distorsionados.
Relaciones parasociales: el vínculo con desconocidos
La telerrealidad fomenta la creación de relaciones parasociales, donde el público desarrolla un vínculo emocional unidireccional con los participantes. El espectador sufre, ríe y se enfada como si conociera de verdad a la persona tras la cámara. Esta inversión emocional consume energía mental que la gente debería dedicar a sus relaciones personales reales. Los expertos señalan que esta conexión ficticia puede generar un aislamiento social progresivo, pues el individuo prefiere la compañía de sus «personajes favoritos» antes que el contacto humano genuino y recíproco.
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Escapismo y la normalización de la hostilidad
Gran parte del éxito de estos programas reside en el escapismo, es decir, en el deseo de huir de las preocupaciones personales. Aunque ver un programa para desconectar parece inofensivo, la telerrealidad suele premiar la traición, el grito y la falta de empatía para elevar los niveles de audiencia. Al consumir estos valores de forma recurrente, el cerebro normaliza conductas hostiles y las traslada al entorno laboral o familiar. El contenido deja de ser una simple distracción para convertirse en un manual de comportamiento que valida la agresividad como herramienta de éxito.

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