Entender por qué reaccionamos con risa ante el contacto físico ligero permite comprender mejor cómo nuestro cerebro procesa la intimidad y la seguridad en las relaciones personales
El estudio de las cosquillas ha pasado de ser una curiosidad biológica a una ventana fascinante hacia la neurociencia de la conexión humana. Al día de hoy, las investigaciones lideradas por especialistas, como Konstantina Kilteni, han revelado que este fenómeno no es solo una respuesta mecánica de la dermis, sino un mecanismo evolutivo diseñado para fomentar la cohesión social y el desarrollo neurológico. (Imagen superior de Yan Krukau en Pexels).
La neurociencia del vínculo afectivo
Las cosquillas actúan como un catalizador biológico para fortalecer los lazos entre individuos, especialmente en el núcleo familiar. Desde el nacimiento, el contacto lúdico a través de las cosquillas comunica seguridad y afecto sin necesidad de palabras. Así, se puede establecer una base sólida para el apego.

Este intercambio genera una respuesta inmediata en el sistema endocrino, elevando los niveles de endorfinas y dopamina. Estas hormonas no solo producen una sensación de placer y felicidad, sino que actúan como reguladores naturales del estrés. Esto permite que el cuerpo entre en un estado de relajación profunda tras la risa liberadora que provocan.
Las cosquillas en el desarrollo infantil y la conciencia corporal
Para los niños, las cosquillas son mucho más que un juego; son una herramienta esencial para el desarrollo de su red nerviosa. El estímulo táctil repetitivo ayuda a que el cerebro infantil mapee las diferentes áreas de su cuerpo, mejorando la propiocepción o conciencia corporal.

Este proceso de maduración sensorial es crucial para el crecimiento físico y cognitivo, ya que enseña al niño a distinguir entre el propio cuerpo y el de los demás. Actualmente, los informes psicológicos destacan que los niños que experimentan interacciones táctiles positivas suelen mostrar una mayor capacidad de sociabilidad y una mejor gestión emocional en etapas posteriores.
El papel de la sociabilidad y el bienestar emocional
La función social de las cosquillas se extiende más allá de la infancia, promoviendo la confianza mutua entre adultos y fortaleciendo la empatía. Al ser una respuesta que generalmente requiere la presencia de otra persona, las cosquillas refuerzan la idea de interdependencia y colaboración.

En un mundo cada vez más digitalizado, la ciencia de hoy revaloriza estos actos de contacto físico genuino como una forma efectiva de combatir la soledad y mejorar el estado de ánimo general. La risa compartida actúa como un pegamento social que reduce las barreras defensivas y facilita una comunicación más abierta y honesta entre las personas.
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