La nutrición funcional enfatiza que este tiempo de comida no debe ser una simple pausa recreativa, sino un bloque de construcción nutricional que evite los picos de insulina y la fatiga del final de la tarde

La merienda representa una oportunidad estratégica para regular el metabolismo y asegurar un aporte constante de energía durante la jornada. (Imagen superior de Novkov Visuals en Pexels).

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El equilibrio de los macronutrientes en la tarde

Una merienda fisiológicamente eficiente debe combinar tres elementos fundamentales: fibra, proteínas y grasas saludables. La fibra, proveniente de frutas enteras o cereales integrales, ralentiza la absorción de los azúcares. La proteína, presente en lácteos, huevos o alternativas vegetales, proporciona saciedad a largo plazo.

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Por último, las grasas saludables, como las de los frutos secos o el aguacate, protegen la salud cardiovascular y cerebral. Al integrar estos tres componentes, se logra estabilizar la glucemia. Esto previene la sensación de hambre voraz al llegar a la cena. Adicionalmente, mejora la capacidad de concentración en las últimas horas de trabajo o estudio.

Todo sobre la merienda | Hidratación y densidad nutricional

Generalmente, en la planificación de la merienda se prioriza la densidad nutricional sobre el conteo de calorías. Optar por alimentos mínimamente procesados permite obtener micronutrientes esenciales como el magnesio y las vitaminas del grupo B. Tales elementos son cruciales para el manejo del estrés diario.

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Asimismo, la hidratación juega un papel determinante; acompañar la merienda con agua, infusiones sin azúcar o aguas aromatizadas de forma natural ayuda a distinguir la sed del hambre emocional. Evitar las bebidas azucaradas y los ultraprocesados durante este periodo es vital para mantener la salud de la piel y prevenir la inflamación sistémica.

Sincronización con el ritmo circadiano

En general, la hora de la merienda debe estar alineada con el cronotipo de cada individuo y su nivel de actividad física. Para quienes realizan ejercicio vespertino, la merienda actúa como un preentrenamiento que suministra el glucógeno necesario para el esfuerzo muscular.

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Por el contrario, para perfiles más sedentarios, debe ser una ingesta ligera que simplemente cubra el bache energético entre el almuerzo y la última comida del día. Respetar este espacio de tiempo permite que el sistema digestivo trabaje de forma eficiente sin sobrecargarse, facilitando un descanso nocturno de mayor calidad al no desplazar grandes volúmenes de comida hacia la noche.

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