La agitación en adultos mayores se refiere a un estado de inquietud, nerviosismo o excitación que puede manifestarse a través de diversos comportamientos, como movimientos repetitivos, verbalizaciones constantes, deambulación sin propósito, resistencia a la atención o incluso agresividad

Agitación en Personas Mayores | Imagen superior de Sabine van Erp en Pixabay

Es importante entender que la agitación no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma o una respuesta a una causa subyacente. Puede ser un indicio de malestar físico, confusión mental o angustia emocional, y a menudo representa un desafío significativo tanto para la persona que la experimenta como para sus cuidadores.

Agitación en Personas Mayores
Imagen de CESAR AUGUSTO RAMIREZ VALLEJO en Pixabay

La agitación puede ser intermitente o persistente, y su intensidad puede variar. Su aparición repentina o un aumento en su frecuencia y severidad siempre deben ser motivos de consulta médica, ya que pueden indicar un cambio en el estado de salud del adulto mayor.

Causas Médicas de la Agitación

Las causas de la agitación en adultos mayores son muy diversas y a menudo se superponen. Las condiciones médicas son una de las principales fuentes de agitación. Las infecciones, especialmente las infecciones del tracto urinario (ITU) o las infecciones respiratorias, pueden causar delirio y agitación, incluso en ausencia de fiebre.

El dolor no controlado, ya sea agudo o crónico, es una causa frecuente de inquietud. Esto incluye dolor por artritis, fracturas, estreñimiento o úlceras. Los desequilibrios metabólicos, como la deshidratación, la hipoglucemia (nivel bajo de azúcar en sangre), la hipoxia (falta de oxígeno) o los desequilibrios electrolíticos, también pueden desencadenar episodios de agitación.

Agitación en Personas Mayores
Imagen de GLady en Pixabay

Ciertos medicamentos o la interacción entre ellos pueden ser la causa. Algunos fármacos, como los sedantes, los anticolinérgicos, los esteroides o incluso los medicamentos para la presión arterial, pueden provocar agitación, confusión o efectos secundarios paradójicos en los adultos mayores.

El síndrome de abstinencia de alcohol o drogas también puede manifestarse con agitación. Problemas cardiovasculares como la insuficiencia cardíaca o la angina pueden generar angustia y agitación. Además, las condiciones neurológicas como el accidente cerebrovascular, las convulsiones no evidentes o los trastornos del movimiento pueden presentarse con inquietud.

Causas Psicológicas y Ambientales

Además de las causas médicas, factores psicológicos y ambientales juegan un papel crucial en la aparición de la agitación. Los trastornos cognitivos, como la demencia (incluyendo Alzheimer, demencia vascular, etc.), son una causa muy común de agitación.

A medida que la enfermedad avanza, la persona puede experimentar confusión, desorientación, dificultad para comunicarse y frustración, lo que puede llevar a episodios de agitación. La depresión y la ansiedad en adultos mayores a menudo se manifiestan con inquietud, irritabilidad y dificultad para relajarse.

Agitación en Personas Mayores
Imagen de Daniel Nebreda en Pixabay

El entorno también puede ser un desencadenante significativo. Un ambiente demasiado ruidoso o con demasiados estímulos, cambios en la rutina diaria, la falta de sueño, la desorientación espacial o temporal, la falta de luz o el exceso de la misma, o un ambiente desconocido (como una hospitalización o un cambio de residencia) pueden generar agitación.

La frustración por no poder expresar sus necesidades o deseos, la sensación de pérdida de control, la soledad o el aburrimiento también pueden contribuir a la inquietud. Comprender que el comportamiento agitado es a menudo una forma de comunicación, una expresión de una necesidad no satisfecha o un malestar, es fundamental para abordarlo eficazmente.

¿Cómo Actuar ante la Agitación? Primeros Pasos y Medidas a Largo Plazo

La primera y más importante medida ante la agitación en un adulto mayor es buscar atención médica. Una evaluación profesional es indispensable para identificar la causa subyacente y descartar problemas graves que requieren tratamiento. Mientras se espera la evaluación médica o una vez que se ha establecido un diagnóstico, hay estrategias que los cuidadores pueden implementar para manejar la situación:

Garantizar la seguridad

Eliminar objetos peligrosos del entorno y asegurar que la persona no se lastime a sí misma ni a los demás.

Mantener la calma

La propia calma del cuidador puede ser contagiosa. Un tono de voz suave y tranquilizador puede ayudar a reducir la ansiedad del adulto mayor.

Identificar y abordar las necesidades

Intentar entender qué está causando la agitación. ¿Hay dolor? ¿Hambre o sed? ¿Necesidad de ir al baño? ¿Está aburrido o sobreestimulado?

Reducir los estímulos

Si el ambiente es ruidoso o caótico, mover al adulto mayor a un lugar más tranquilo y con menos distracciones.

Reorientación suave

Si la persona está desorientada, recordarle suavemente dónde está, la hora del día o quién es usted, sin confrontarla o discutir.

Validar sus sentimientos

Reconocer su frustración o miedo, incluso si no comprende la razón. Decir algo como «Veo que estás molesto» puede ser útil.

Ofrecer distracciones

A veces, una actividad sencilla y familiar, como escuchar música relajante, mirar un álbum de fotos o realizar una tarea sencilla que le guste, puede desviar la atención y calmar la agitación.

Mantener la rutina

Establecer una rutina diaria predecible puede reducir la ansiedad y la confusión.

Evitar confrontaciones

No discutir ni intentar razonar lógicamente con una persona agitada, especialmente si tiene deterioro cognitivo.

Ajustar la medicación

Si se identifica que un medicamento está causando o exacerbando la agitación, el médico puede ajustar la dosis o cambiar el fármaco. Nunca se deben cambiar los medicamentos sin supervisión médica.

A largo plazo, el manejo de la agitación en adultos mayores a menudo implica un enfoque multidisciplinario, que puede incluir terapia farmacológica (si es apropiado y bajo estricta supervisión médica), terapias no farmacológicas, apoyo psicológico para el paciente y los cuidadores, y ajustes continuos en el entorno y las rutinas para maximizar el bienestar y la seguridad del adulto mayor. El objetivo es siempre mejorar la calidad de vida y reducir la angustia asociada con la agitación.

Información relacionada en WebConsultas

Somos A tu salud… Salud por todos los medios ¡Síguenos por nuestras redes sociales…!