Aunque suele asociarse con trastornos depresivos, se reconoce cada vez más su aparición como una respuesta adaptativa del organismo ante periodos prolongados de exigencia emocional o física. Así, funciona como una suerte de apagado preventivo del sistema de gratificación
La anhedonia se define en psicología como la incapacidad para experimentar placer en actividades que anteriormente resultaban gratificantes. No se trata simplemente de una falta de voluntad, sino de una alteración en los mecanismos de recompensa del cerebro que impide que la motivación o el disfrute fluyan de manera natural.
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Causas más allá del duelo emocional
Si bien las rupturas sentimentales son desencadenantes comunes, la anhedonia puede originarse por factores menos evidentes pero igualmente erosivos. Una racha intensa de estrés sostenido, el agotamiento profesional o las demandas constantes del entorno familiar pueden agotar los recursos neuroquímicos necesarios para sentir entusiasmo.

Cuando el sistema nervioso se ve sobrepasado por el cortisol, la hormona del estrés, la capacidad de procesar la dopamina se ve afectada. Esto deriva en esa sensación de vacío o falta de interés por las cosas que antes generaban bienestar.
Manifestaciones de la anhedonia momentánea
Este bajón momentáneo se manifiesta de dos formas principales: la anhedonia social, que es el desinterés por el contacto con amigos o seres queridos, y la anhedonia física, que afecta el disfrute de la comida, el descanso o el ejercicio. Es importante distinguir este estado de la tristeza convencional.

Mientras que la tristeza es una emoción activa, la anhedonia es más bien una ausencia de emoción. Un estado de aplanamiento, donde la persona siente que está operando en piloto automático. Identificar que se trata de un fenómeno psicológico documentado permite restar culpa a quien lo padece, entendiendo que es una fatiga del sistema de disfrute.
Estrategias para recuperar el bienestar
El abordaje de la anhedonia requiere, en primer lugar, la validación del estado emocional sin presiones externas para estar bien de forma inmediata. Reducir la carga de estrés y priorizar el descanso básico son pasos fundamentales para que la química cerebral recupere su equilibrio.

Actualmente, las terapias basadas en la activación conductual sugieren retomar pequeñas rutinas de autocuidado, incluso sin una motivación inicial, para estimular gradualmente los centros de placer. Reconocer que este estado es transitorio y que responde a factores externos como el agotamiento permite transitarlo con mayor compasión hacia uno mismo hasta que la alegría vuelva a emerger.
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