Desde hace unos años se ha estado aplicando la apiterapia para el tratamiento de ciertas enfermedades. El proceso consiste en utilizar una toxina llamada apitoxina que se encuentra en el aguijón de las abejas para que puedan tratarse varias enfermedades.

Sin embargo, el proceso no consiste solamente en dejarse picar por una o varias abejas. Se trata de una práctica que debe estar supervisada por expertos que indicarán en varias sesiones el proceso.

Sesiones de tratamientos con apiterapia

Todos aquellos que se interesan por asistir a una sesión de apiterapia, deben tener presente que implicará varias etapas para determinar si puede recibir el tratamiento.

Durante la primera consulta se debe realizar una prueba alérgica para determinar si el paciente tolerará el tratamiento, igualmente se le receta tomar pequeñas cantidades de propóleo, miel y jalea real para ir adaptando al organismo al tratamiento.

Igualmente, se indica el refuerzo con vitamina C para que el tratamiento con la apitoxina surta mejores efectos en el paciente.

Para la segunda sesión ya se tendrá establecidas las dosis de toxina que puede recibir el paciente y podrán comenzarse las sesiones con las abejas. Es decir, el experto toma la abeja con una pinza para que proceda la picadura.

Como toda picadura, se presentará un dolor moderado pero, si se piensa bien, es semejante a cualquier tratamiento médico con inyecciones. En algunos casos, la apitoxina es inyectada por el especialista sin acudir a las abejas.

Apiterapia
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¿Cómo funciona?

Una vez que el veneno es introducido en el cuerpo con sesiones programadas y dosis calculadas comenzará a hacer efecto durante las siguientes dos o tres semanas. La toxina producida por las abejas funciona como analgésico que puede aliviar el dolor, ayudar en procesos desinflamatorios y evitar el crecimiento de quistes o tumores.

La apiterapia favorece el sistema cardiovascular porque tiene un efecto anticoagulante que previene el desarrollo de accidentes cerebrovasculares.

¡Advertencias!

Aunque la apiterapia pudiera parecer una disciplina de curación muy sencilla no es recomendable que se intente realizar indiscriminadamente. En algunos casos el veneno de las abejas podría llegar a intoxicar al paciente, incluso provocarle la muerte. Por eso, es indispensable que se ponga en práctica con especialistas que elaboren un cronograma de sesiones con dosis mínimas.

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