Entrenar en ambientes con bajas temperaturas no solo es un reto para la fuerza de voluntad, sino que desencadena una serie de adaptaciones fisiológicas que pueden potenciar el rendimiento y la salud metabólica
Entrenar en clima frío | Imagen superior creada con IA en Google AI Studio
La ciencia del deporte indica que el cuerpo debe trabajar con mayor intensidad para mantener su temperatura central estable, lo que activa procesos biológicos que no ocurren con la misma magnitud en climas templados o cálidos.

Esta respuesta adaptativa convierte al invierno en una oportunidad estratégica para mejorar la composición corporal y la resistencia cardiovascular.
Activación de la grasa parda y termogénesis
Uno de los beneficios más destacados por la investigación reciente es la estimulación del tejido adiposo marrón o grasa parda. A diferencia de la grasa blanca, que almacena energía, la grasa parda se activa con el frío para quemar calorías y generar calor mediante un proceso llamado termogénesis.

Los estudios demuestran que la exposición regular al ejercicio en clima frío aumenta la densidad de estas células, lo que mejora la sensibilidad a la insulina y ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre. Este fenómeno convierte al entrenamiento invernal en un aliado eficaz para quienes buscan optimizar su metabolismo basal.
Eficiencia cardiovascular y gasto energético
El sistema cardiovascular experimenta una demanda única cuando se entrena a bajas temperaturas. Al haber menos estrés por calor, el corazón puede bombear una mayor cantidad de sangre por latido. Esto evita que la frecuencia cardíaca se eleve tanto como en el calor extremo. Sin embargo, el cuerpo consume más energía para calentar el aire que entra a los pulmones y para mantener la homeostasis térmica. Todo esto resulta en un gasto calórico ligeramente superior, especialmente si el frío provoca escalofríos o una respuesta muscular de mayor intensidad para entrar en calor, lo que fortalece la capacidad aeróbica total del atleta.

Impacto en el sistema inmunitario y estado de ánimo
Contrario al mito popular de que el frío causa enfermedades, el ejercicio moderado en temperaturas bajas puede fortalecer el sistema inmunitario. Es así, porque aumenta la producción de leucocitos y citocinas que combaten infecciones. Además, la ciencia psicológica ha observado que el entrenamiento al aire libre en invierno ayuda a mitigar el trastorno afectivo estacional.

La liberación de endorfinas combinada con la exposición a la luz natural y el contraste térmico genera una respuesta de vigor y claridad mental que suele ser superior a la obtenida en entornos cerrados y climatizados.
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