Había una vez una dulce y tierna mariposa que vivía rodeada de girasoles, un día se preguntó ¿Acaso habrá otras hermosas flores hermosas que pueda apreciar? De pronto, una vocecita le decía: “Claro que sí hay muchas flores diferentes a ésta. Anda, vuela y descúbrelas”

La mariposa muerta de miedo, se preguntaba ¿Seré capaz de ir a otro lugar? ¿Podré recordar la ruta para regresar? ¿Para qué quiero conocer otras flores? ¿Los girasoles llenan de belleza mi vista? Y así se mantuvo durante varias horas, en una especie de dialogo o pelea consigo misma, luchando con una fuerza que la impulsaba y otra que la frenaba. Después de tanta agitación la pobre mariposita quedo rendida, y fue así como empezó soñar.

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Soñaba que era humana y mariposa a la vez. Tenía alas para volar, piernas para caminar y ojos grandes para ver

La mariposa
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Era una hermosa creación; y mientras se contemplaba, alguien le decía: “Oye estas aquí, lo lograste estas frente a lo que tantas veces quisiste estar”. La mariposa ignoraba a quien le hablaba, ella solo podía contemplarse. De pronto, un insecto volador se le acerca y le grita: “Oye tú, abre tus ojos, deja de mirarte y mira lo que tienes alrededor. Estás frente a diez mil tipos de flores, cada una con diferente forma, color y aroma”.

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Al fin la mariposa reaccionó del efecto de su propia imagen y fue cuando por fin pudo volcar la mirada a lo que le rodeaba. “¡Oh por dios! Estuve tanto tiempo asombrada de mi belleza que olvide que tenía frente a mí, mi gran sueño y aquí estoy frente a toda la variedad de flores que tantas veces quise descubrir”.

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Inmediatamente, el insecto la interrumpió y le dijo, yo creo que tú no querías ver otras flores, yo creo que tú andabas buscando tu propia belleza y aprovechaste este hermoso floral para transformarte en lo que ahora eres, una preciosa mariposa con alas para llegar a donde quieras, unas piernas para cuando quieras pisar la tierra y dos grandes ojos para apreciar lo que te rodea.

A tu salud…