Desde la perspectiva de la psicología moderna, este fenómeno no se define como un problema de gestión del tiempo o pereza, sino como una dificultad en la regulación de las emociones. El individuo evita la tarea no por su complejidad técnica, sino por el malestar emocional, como la ansiedad, el miedo al fracaso o el aburrimiento, que la idea de realizarla le genera

La procrastinación es un comportamiento universal que consiste en postergar actividades importantes por tareas más gratificantes a corto plazo, a pesar de las consecuencias negativas futuras.

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La neurobiología de la postergación

A nivel cerebral, la procrastinación es el resultado de una batalla entre dos áreas específicas: el sistema límbico y la corteza prefrontal. El sistema límbico es una de las partes más antiguas del cerebro y busca la gratificación inmediata y el alivio del estrés.

La procrastinación
La procrastinación: como la psicología ayuda a superar el hábito de la postergación | Imagen creada con IA en Google AI Studio

Por otro lado, la corteza prefrontal es la encargada de la planificación a largo plazo y la toma de decisiones racionales. Cuando nos enfrentamos a una tarea desagradable, el sistema límbico a menudo gana la batalla. Así, nos impulsa a buscar una distracción rápida que nos proporcione un alivio momentáneo frente a la incomodidad emocional.

Estrategias psicológicas de intervención

Para combatir esta tendencia, la psicología propone diversas técnicas enfocadas en reducir la resistencia inicial. Una de las más efectivas es la regla de los cinco minutos. Ésta consiste en comprometerse a trabajar en la tarea solo durante ese breve periodo de tiempo.

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Al eliminar la presión de terminar el trabajo completo, la barrera emocional disminuye, y una vez iniciado el proceso, el cerebro tiende a querer completar lo que ha empezado. Otra estrategia clave es la división de tareas, donde un objetivo grande y abrumador se descompone en microtareas extremadamente sencillas que no activen la respuesta de huida del sistema límbico.

El papel de la autocompasión y el perdón

Investigaciones recientes sugieren que la autocrítica severa tras haber procrastinado solo alimenta el ciclo de postergación al generar más emociones negativas. La psicología recomienda practicar la autocompasión y el perdón hacia uno mismo por haber perdido el tiempo anteriormente.

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Al reducir la culpa, disminuimos la carga emocional asociada a la tarea pendiente, lo que facilita retomarla con una mentalidad más constructiva. Cultivar la conciencia plena o mindfulness también ayuda a reconocer el impulso de evitar la tarea en el momento exacto en que ocurre, permitiendo que la corteza prefrontal retome el control de la conducta.

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