A diferencia de las grasas y los carbohidratos, el cuerpo requiere un esfuerzo metabólico significativamente mayor para procesarlas. Esto las convierte en una herramienta estratégica para quienes buscan optimizar su peso
Las proteínas son macronutrientes esenciales que desempeñan un papel fundamental en la regulación de la composición corporal y el gasto energético. (Imagen superior de Dee Dave en Pexels).

Su capacidad para preservar la masa muscular mientras se promueve la pérdida de tejido adiposo las sitúa como el pilar nutricional más importante en cualquier plan de mejora metabólica.
El efecto térmico de los alimentos
Una de las formas más directas en que las proteínas aceleran el metabolismo es a través del efecto térmico de los alimentos. Este concepto se refiere a la energía que el organismo gasta para digerir, absorber y procesar los nutrientes.

Mientras que las grasas y los carbohidratos utilizan entre un cinco y un diez por ciento de sus calorías en este proceso, las proteínas requieren entre un veinte y un treinta por ciento. Esto significa que, al consumir una dieta alta en proteínas, el cuerpo quema automáticamente más calorías simplemente realizando la digestión. Esto facilita el mantenimiento de un déficit calórico sin reducir drásticamente la ingesta de comida.
Preservación de la masa muscular y tasa metabólica basal
El músculo es un tejido metabólicamente activo que consume energía incluso cuando el cuerpo está en reposo. Durante los periodos de pérdida de peso, el organismo tiende a degradar tanto grasa como músculo para obtener combustible.

Una ingesta adecuada de proteínas proporciona los aminoácidos necesarios para la síntesis proteica muscular, lo que protege este tejido de la degradación. Al mantener o aumentar la masa muscular, se garantiza que la tasa metabólica basal permanezca elevada, evitando el estancamiento metabólico que suele ocurrir tras dietas restrictivas prolongadas.
Regulación de las hormonas del hambre y la saciedad
Las proteínas influyen directamente en la bioquímica del apetito al regular hormonas clave en el sistema endocrino. Su consumo reduce los niveles de ghrelina, conocida como la hormona del hambre, y aumenta la producción de péptidos como el PYY y la colecistoquinina, que envían señales de saciedad al cerebro.

Este control hormonal ayuda a estabilizar los niveles de glucosa en sangre, reduciendo los antojos por alimentos ultraprocesados y facilitando el cumplimiento de hábitos alimenticios saludables a largo plazo. La inclusión de proteínas de alta calidad en cada comida es, por tanto, una intervención eficaz para gestionar el peso de forma sostenible y natural.
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