Su popularidad actual radica en la posibilidad de obtener beneficios metabólicos significativos dedicando tan solo cuatro minutos por sesión, lo que lo convierte en una opción ideal para personas con agendas ajustadas
El método Tabata se ha consolidado como una de las estrategias de entrenamiento más eficientes para mejorar la capacidad cardiovascular y la resistencia muscular en periodos de tiempo extremadamente cortos.
| (Imagen superior de Pixabay en Pexels).
Esta modalidad se diferencia de otros protocolos de alta intensidad por su estructura rígida y su exigencia fisiológica, diseñada originalmente para atletas de élite.
El origen científico en Tokio
Durante la década de los noventa, el fisiólogo japonés Izumi Tabata y su equipo de investigadores en el Instituto Nacional de Fitness y Deportes de Tokio llevaron a cabo un estudio pionero.

La investigación comparó a un grupo que realizaba ejercicio aeróbico de intensidad moderada con otro que seguía un protocolo de intervalos extremos. Los resultados revelaron que el segundo grupo no solo mejoró su capacidad aeróbica, sino que también incrementó su capacidad anaeróbica en un veintiocho por ciento.

Este hallazgo desafió las creencias convencionales sobre la duración del ejercicio y sentó las bases de lo que hoy conocemos como entrenamiento interválico de alta intensidad.
Estructura y ejecución del protocolo
La efectividad del método reside en su fórmula matemática de trabajo y descanso. Una sesión estándar consiste en ocho ciclos de veinte segundos de esfuerzo máximo seguidos de diez segundos de recuperación total.

Para que el entrenamiento sea considerado un verdadero Tabata, el individuo debe alcanzar aproximadamente el 170% de su consumo máximo de oxígeno durante los periodos de actividad. Esto significa que la intensidad debe ser tal que el practicante no pueda mantener el esfuerzo más allá de los cuatro minutos totales del protocolo.
Beneficios metabólicos y cardiovasculares
Más allá de la quema calórica inmediata, este método provoca un aumento sostenido en la tasa metabólica basal después del ejercicio. Se trata de un fenómeno conocido como consumo de oxígeno post ejercicio. Esto implica que el cuerpo continúa utilizando energía a un ritmo elevado incluso horas después de haber finalizado la actividad.

Además, la práctica regular de este sistema mejora la sensibilidad a la insulina y fortalece la salud del corazón. Sin embargo, debido a su naturaleza extrema, los expertos recomiendan una progresión adecuada y la supervisión profesional para evitar lesiones y asegurar que la técnica de cada ejercicio se mantenga perfecta a pesar del cansancio acumulado.
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