Las agujetas, conocidas científicamente como dolor muscular de aparición tardía, surgen tras someter a tus músculos a un esfuerzo inusual o más intenso de lo habitual. Estas molestias son el resultado de microrroturas en las fibras musculares que generan una respuesta inflamatoria natural en tu organismo.
Es muy probable que te hayas preguntado si debes detener tu actividad física por completo o si puedes continuar entrenando a pesar del dolor. La respuesta no es única, ya que depende de la intensidad de la molestia y de cómo gestiones tu recuperación para no comprometer tu salud muscular a largo plazo.

El papel del ejercicio suave en la recuperación
Cuando sientes esa rigidez característica, no siempre es necesario que guardes reposo absoluto. De hecho, realizar una actividad física de muy baja intensidad puede favorecer el flujo sanguíneo hacia los tejidos dañados, ayudando a oxigenar las zonas afectadas.
El neurofisioterapeuta Eugenio Tramblin señala que el movimiento suave actúa como un mecanismo de alivio natural para tus fibras musculares. Al movilizarte de forma controlada, permites que los nutrientes lleguen más rápido a la zona inflamada, acelerando los procesos de reparación celular.
Técnicas eficaces para aliviar tus molestias
Para gestionar las agujetas de forma profesional y evitar que interfieran con tu esfuerzo, puedes integrar estas prácticas en tu rutina de autocuidado:
- Realiza una recuperación activa: Opta por caminatas suaves, natación ligera o sesiones de bicicleta estática sin resistencia.
- Aplica calor local: El uso de almohadillas térmicas ayuda a mejorar la elasticidad de los tejidos y reduce la sensación de rigidez muscular.
- Optimiza tu nutrición: Asegura un consumo adecuado de proteínas y antioxidantes para facilitar la síntesis de nuevas fibras musculares.
- Utiliza el rodillo de espuma: El auto-masaje con herramientas como el foam roller ayuda a liberar la tensión acumulada en las fascias musculares.
- Mantén la hidratación: Beber suficiente agua es crucial para que los procesos metabólicos de reparación se lleven a cabo correctamente.
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Cuándo es mejor detener el entrenamiento
Debes aprender a distinguir entre la molestia típica del esfuerzo y un dolor que indica una posible lesión estructural. Si el dolor es agudo, se localiza en una articulación o te impide realizar el movimiento biomecánico correcto, es imperativo que detengas el entrenamiento.
Forzar tu cuerpo cuando la inflamación es excesiva puede derivar en una rotura fibrilar más grave o en compensaciones posturales peligrosas. En estos casos, un descanso total de 24 o 48 horas es la inversión necesaria para permitir que tu sistema muscular se regenere por completo.
Mantener un equilibrio entre la exigencia y la recuperación es la clave para un progreso físico sostenible. Al aplicar estas técnicas, no solo aliviarás tus agujetas, sino que educarás a tu cuerpo para adaptarse mejor a los futuros desafíos de tu rutina deportiva.

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