Un desgarro muscular no es solo un momento de dolor agudo; es una interrupción que puede alejarnos del gimnasio durante semanas o meses. Entender que el músculo funciona como una liga elástica es clave: si está frío o se estira más allá de su capacidad de forma repentina, se rompe.

Para evitarlo, la ciencia del deporte sugiere un enfoque integral.

desgarro muscular
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1. Calentamiento dinámico: La regla de oro

Antiguamente se pensaba que el estiramiento estático (quedarse quieto estirando un músculo por 30 segundos) antes de entrenar era la clave. Hoy, los expertos coinciden en que el estiramiento estático en frío puede incluso aumentar el riesgo de desgarro, ya que «relaja» el músculo cuando este necesita estar reactivo.

La alternativa eficiente es el calentamiento dinámico. Este consiste en realizar movimientos que eleven la temperatura corporal y preparen las articulaciones. Ejemplo:

  • Circunducciones de cadera y hombros.
  • Zancadas suaves sin peso.
  • Sentadillas con el propio peso corporal.

Esto aumenta el flujo sanguíneo, lo que vuelve a las fibras musculares mucho más flexibles y resistentes al esfuerzo.

2. El principio de sobrecarga progresiva

El «ego-lifting» o levantar más peso del que se puede controlar es la causa número uno de desgarros en el gimnasio. Los expertos recomiendan la regla del 10%: nunca aumentes el peso, la intensidad o la duración de tu entrenamiento más de un 10% de una semana a otra.

El músculo necesita tiempo para adaptarse a nuevas tensiones. Cuando intentamos saltar de una mancuerna de 10 kg a una de 20 kg sin pasos intermedios, las fibras musculares pueden fallar ante una carga para la que no han creado las adaptaciones estructurales necesarias.

3. Perfeccionamiento de la técnica y biomecánica

Una técnica deficiente pone al músculo en una posición de desventaja mecánica. Por ejemplo, en un peso muerto, si la espalda se curva, la tensión se desplaza de los glúteos y femorales hacia los erectores espinales y los tejidos conectivos, aumentando drásticamente el riesgo de rotura.

Consejo pro: Antes de añadir peso, asegúrate de que puedes realizar 15 repeticiones con una forma perfecta. La estabilidad de los músculos estabilizadores (como el core) es tan importante como la fuerza del músculo principal que estás trabajando.

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4. Hidratación y equilibrio de electrolitos

A menudo ignoramos que la química interna juega un papel vital en la elasticidad muscular. Un músculo deshidratado es un músculo rígido. El agua, junto con minerales como el magnesio, el potasio y el sodio, permite que las señales eléctricas del cerebro lleguen correctamente al músculo para que este se contraiga y se relaje con fluidez.

Si tus niveles de electrolitos son bajos, el músculo puede sufrir calambres o espasmos involuntarios durante un levantamiento pesado, lo que facilita que se produzca un desgarro por una contracción errática.

5. Descanso como parte del entrenamiento

El crecimiento muscular y la reparación de microlesiones no ocurren en el gimnasio, sino durante el sueño. Los expertos en medicina deportiva enfatizan que el sobreentrenamiento debilita el tejido muscular.

Cuando entrenas un músculo que aún no se ha recuperado del día anterior, estás trabajando sobre fibras inflamadas y fatigadas que tienen un umbral de rotura mucho más bajo. Asegúrate de:

  • Dormir entre 7 y 9 horas diarias.
  • Dejar pasar al menos 48 horas antes de entrenar el mismo grupo muscular con alta intensidad.

6. Escucha a tu cuerpo: Diferenciando el dolor

Es vital aprender a distinguir entre el «quemazón» del ácido láctico (que es normal) y un dolor punzante o localizado. Si sientes un pinchazo agudo durante una repetición, detente inmediatamente. Ignorar esa señal de advertencia y tratar de «terminar la serie» es lo que convierte una pequeña distensión en un desgarro de grado 2 o 3 que requiere cirugía.

La prevención es la inversión más inteligente que cualquier atleta puede hacer. Un entrenamiento inteligente siempre superará a un entrenamiento simplemente duro.

Fuente: glamour

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