En este interesante artículo conocerás la historia de una persona que descubrió los beneficios que trae ser uno mismo y atreverse a salir de la zona de confort.

Había una vez un hombre que cada noche se asomaba a la ventana para ver pasar a los grandes hombres de la ciudad que pasaban con sus autos modernos. Cada noche, se preguntaba: ¿Será que algún día podré llegar a ser como ellos? El hombre estaba convencido que había algo que hacían esos hombres que él no estaba haciendo. Un buen día decidió bajar a mirar de cerca a los hombres que tanto admiraba, y fue así como se dio cuenta que ellos vestían muy bien. Bajaban los vidrios para conectarse con la gente y recordar sus raíces. Trabajaban diariamente en algo que les gustaba, por eso sonreían entre ellos, tenían reuniones para que sus empresas funcionaran a la perfección.

Ser uno mismo
Ser uno mismo – Imagen referencial cortesía de Pexels en Pixabay

Todo esto se lo imaginaba el hombre y fue así como decidió atreverse a hablarles; y pensó «debo hacer algo para captar su atención». Fue a buscar un cartel para escribir y colocó: «Mi nombre es Rodrigo, yo solo quiero saber lo que tengo que hacer para ser como ustedes».  Y así, se dispuso la noche siguiente a esperar verlos pasar. Estaba en el ángulo perfecto para ser observado. Ya era el momento en el que debían pasar, y allí venían, sonriendo como siempre por haber culminado una jornada laboral. Cuando de pronto, se escuchó: «¡Oye tú, Rodrigo, te espero mañana a las 8:00 en mi oficina. Aquí tienes todo!». 

El hombre no podía creer que la simple decisión de dejar de admirar tras la ventana lo acercaría a su sueño. El siguiente día en la mañana estaba listo desde temprano, preparado para ir al que sería el cambio de su vida

Al llegar a la oficina, tuvo que esperar un par de minutos y cuando lo hicieron pasar, estaba allí el gran hombre que admiraba sentado en la silla presidencial, con su traje ejecutivo y una especial sonrisa. De inmediato, se puso de pie y con un apretón de manos le dijo:

Ser uno mismo – Imagen referencial cortesía de Marie Sjödin en Pixabay

«Rodrigo, me alegra mucho que estés aquí. ¡Qué bueno que dejaste de admirar y decidiste ir por lo que querías!. Muchas personas esperan que las oportunidades vayan a la puerta de su casa, mientras que otros crean sus propias oportunidades. Te felicito por hacerlo distinto, por crear tu propia realidad; y sobre todo, por apropiarte de tu sueño. Si todo eso lo hiciste sin conocer la clave del éxito, yo no tengo más que enseñarte.

Quiero que seas parte de mi equipo, acá necesitamos a personas como tú, con el sello de la autenticidad, la constancia y la determinación. Las personas decididas a transformar su vida en éxito son las que realmente lo consiguen. He aquí la oportunidad de lo que tanto deseabas, tú no vas a ser como yo, tú eres tú mismo y eso es suficiente. Y, ¿sabes por qué? Porque ser tú mismo te ha llevado a lograr algo. Tú nos enseñaste que hay personas que aceptan una realidad que no les gusta. Tú estabas viviendo la realidad que tenías, pero simultáneamente, estabas creando la que deseabas y estabas seguro que merecías. Bienvenido».

A tu salud…