Desde niños nos enseñan que es importante mantener cerca lo que amamos, nuestros juguetes, nuestros objetos personales y hasta nuestros amigos del colegio eran motivos apego. Sin embargo, pocas veces nos enseñaron a practicar el desapego.
Pocos eventos de nuestra infancia o adolescencia nos recuerdan cómo practicar el desapego pero nunca es tarde para aprender. Hoy por hoy distintas corrientes de pensamiento orientan hacia la práctica del desapego como una fuente de crecimiento personal.
También, el desapego es la idea de que puedes experimentar la alegría de algo sin estar apegado a su resultado. Cuando te desapegas de un resultado negativo, liberas energía para centrarte en las cosas de tu vida que funcionan.
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Ley de desapego
La ley de desapego fomenta la capacidad de desvincularse de las cosas que no favorecen la felicidad y la salud mental. Te da el espacio para observar tus emociones y pensamientos, siendo capaz de separarlos de tu personalidad.
Uno de los comienzos para practicar el desapego es deshacerse de los pensamientos negativos. Pues, aunque pareciera mentira con el paso del tiempo hacemos un vínculo con pensamientos que nos hacen daño, anhelar constantemente lo que no tenemos o quejarnos diariamente puede haberse convertido en una rutina diaria.
¿Sabes esos días en los que te quedas en la cama deseando que el tiempo pase más despacio para poder dormir un poco más? Esa no es la actitud correcta. En lugar de dejarte atascar por sentimientos o pensamientos negativos, intenta desprenderte de ellos.

4 formas de practicar el desapego
Si estás intentando desapegarte de una persona, un acontecimiento o una situación, aquí tienes las cuatro leyes del desapego que te ayudarán a atacar el problema desde todos los ángulos.
Las 4 leyes del desapego son un conjunto de reglas diseñadas para ayudarte a desapegarte emocionalmente con el fin de evitar sentir estrés, ansiedad y emociones negativas.
Eres responsable de ti mismo: eres responsable de sus propias elecciones y sentimientos. Sólo tú determinas tu felicidad, tu éxito, tu realización y tu satisfacción.
Vive el presente y acepta tu realidad: aprende a estar agradecido por lo que tienes, no por lo que no tienes. Tómate tiempo para disfrutar de los placeres sencillos de la vida.
Fomenta la libertad y aprende de la libertad de los demás: la libertad es el derecho a vivir tu vida como mejor te parezca y a ser quien quieras ser. Se trata de tener opciones, de ser capaz de tomar decisiones por ti mismo y de actuar de la forma que te parezca mejor en cada momento.
Asume las pérdidas: la posibilidad de vivir las pérdidas siempre existe. Desde un objeto de valor, hasta un familiar cercano, así que no hay nada que hacer frente a esto. Evita resistirte y obsesionarse por mantener contigo tus pertenencias o tus afectos personales.
Fuente: La Mente Maravillosa.com

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