Todos hemos procrastinado alguna vez en nuestra vida, ya sea por pereza, por falta de motivación, por distracción, por miedo o por cualquier otra razón. Sin embargo, cuando la procrastinación se convierte en un hábito frecuente y crónico, puede tener graves consecuencias para nuestra salud mental y nuestro bienestar.

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¿Qué es la procrastinación?

La procrastinación se define como la tendencia a retrasar o evitar el inicio o la finalización de una tarea o una decisión que se debe realizar, a pesar de que somos conscientes de que eso puede tener efectos negativos para nosotros o para nuestro entorno.

La procrastinación no tiene que ver con que seamos más o menos “vagos” sino con la gestión que hacemos de las emociones y con distintas cuestiones psicológicas como la ansiedad, el estrés, la depresión, el perfeccionismo, la apatía, la desmotivación, una baja autoestima, la falta de confianza, el miedo al fracaso o la incapacidad para dominar momentos de tensión.

¿Por qué procrastinamos?

Existen diferentes factores que pueden influir en la procrastinación, tanto internos como externos. Algunos de los más comunes son los siguientes:

La falta de claridad sobre los objetivos, las prioridades, los plazos o los criterios de evaluación de la tarea o la decisión.

  • La falta de interés, de sentido o de valor de la tarea o la decisión, que hace que no nos sintamos motivados ni comprometidos con ella.
  • La dificultad o la complejidad de la tarea o la decisión, que hace que nos sintamos abrumados, confundidos o incapaces de afrontarla.
  • La presión o las expectativas externas o internas sobre la tarea o la decisión, que hacen que nos sintamos ansiosos, estresados o temerosos de fracasar o de decepcionar a los demás o a nosotros mismos.
  • La distracción o la tentación de realizar otras actividades más placenteras, divertidas o fáciles que la tarea o la decisión, que hacen que nos evadamos de la realidad y busquemos una gratificación inmediata.

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¿Cómo nos afecta mentalmente la procrastinación?

La procrastinación tiene un impacto negativo en nuestra salud mental, ya que puede generar una serie de emociones, pensamientos y conductas que nos perjudican. Algunos de los efectos más habituales son los siguientes:

  • Estrés y ansiedad: al procrastinar, aumentamos la carga de trabajo y la presión sobre nosotros mismos, lo que nos genera un estado de nerviosismo, preocupación, inquietud o angustia.
  • Culpa y frustración: al procrastinar, incumplimos nuestros compromisos y responsabilidades, lo que nos hace sentir culpables, arrepentidos, insatisfechos o decepcionados con nosotros mismos.
  • Baja autoestima y falta de confianza: al procrastinar, nos infravaloramos y nos criticamos negativamente, lo que nos hace sentir inferiores, inseguros, incompetentes o incapaces.
  • Perfeccionismo y miedo al fracaso: al procrastinar, nos exigimos demasiado y nos obsesionamos con los resultados, lo que nos hace tener miedo de cometer errores, de no estar a la altura o de no cumplir con las expectativas.
  • Depresión y apatía: al procrastinar, perdemos el interés y el entusiasmo por nuestras metas y actividades, lo que nos hace sentir tristes, vacíos, desesperanzados o sin sentido.

¿Cómo podemos superar la procrastinación?

La procrastinación es un problema que se puede solucionar con la ayuda de un profesional de la psicología, que nos puede orientar y acompañar en el proceso de cambio. Además, existen algunas estrategias que podemos aplicar por nuestra cuenta para reducir o evitar la procrastinación, como las siguientes:

  • Definir los objetivos de forma clara, concreta, realista y medible, y desglosarlos en tareas más pequeñas y sencillas.
  • Establecer un plan de acción con plazos, recursos y criterios de evaluación, y seguirlo de forma sistemática y flexible.
  • Buscar el sentido y el valor de la tarea o la decisión, y conectarla con nuestros intereses, valores y propósitos personales.
  • Fomentar la motivación y el compromiso con la tarea o la decisión, y recompensarnos por los avances y los logros que conseguimos.
  • Afrontar la dificultad o la complejidad de la tarea o la decisión, y buscar apoyo o ayuda si lo necesitamos.
  • Manejar la presión o las expectativas sobre la tarea o la decisión, y regular las emociones negativas que nos generan.
  • Evitar la distracción o la tentación de otras actividades, y crear un ambiente propicio para la concentración y el trabajo.
  • Aceptar el error y el fracaso como parte del aprendizaje, y mejorar la autoestima y la confianza en nuestras capacidades.

La procrastinación es un hábito que nos afecta mentalmente y que podemos cambiar con voluntad, esfuerzo y constancia. Si quieres mejorar tu calidad de vida y tu bienestar, no lo dejes para mañana, empieza hoy mismo.

Fuente: cuerpomente

Imagen destacada por: Drazen Zigic