Hoy en día, los adolescentes pasan horas frente a las pantallas. Muchos padres consideran que este hábito constituye simplemente una forma moderna de ocio, pero la realidad resulta mucho más profunda y compleja. Según la psiquiatra María Velasco, el contenido digital actúa como un arquitecto invisible en la mente de los jóvenes. Los chicos no simplemente observan vídeos o fotografías; ellos absorben estos estímulos y los integran directamente en su propia personalidad durante una etapa crítica de su desarrollo cerebral.
Este consumo constante genera una distorsión peligrosa en la percepción del mundo. Al observar la vida de otros a través de filtros y algoritmos, los adolescentes pierden la noción de lo que es auténtico y tangible. Internet no solo ofrece información, sino que impone cánones y expectativas que difuminan la línea entre la esencia propia y la opinión ajena. Comprender este proceso de «construcción» mental resulta esencial para proteger la salud emocional de las nuevas generaciones.

Más que una pantalla, un molde de identidad
Velasco afirma con contundencia que el contenido digital construye al individuo. Durante la adolescencia, el cerebro busca referentes externos para definir quién es y cuál es su lugar en el grupo. Si esos referentes consisten en imágenes irreales o conductas extremas, el joven asume que esos estándares representan la norma. De este modo, la pantalla deja de ser una ventana al mundo y se convierte en un espejo deformante que moldea sus gustos, sus miedos y sus aspiraciones más íntimas.
La normalización de lo que no es normal
El algoritmo de las redes sociales suele premiar lo estrafalario, lo perfecto o lo polémico para retener la atención. Esto provoca que conductas poco saludables o estándares de belleza inalcanzables parezcan situaciones cotidianas para un menor. Los adolescentes normalizan escenarios que, en el mundo físico, carecen de lógica o sentido común. Al consumir este material de forma masiva, su sentido crítico se debilita y aceptan como «natural» aquello que simplemente es una construcción comercial o una opinión sesgada de terceros.
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El peligro de vivir para la mirada ajena
Uno de los puntos más críticos reside en la pérdida de la frontera entre lo íntimo y lo público. Muchos jóvenes basan su autoestima exclusivamente en la validación digital que reciben de desconocidos. Si el «otro» no aprueba una publicación, el adolescente experimenta un vacío emocional real y doloroso. La experta señala que esta dependencia anula la capacidad de distinguir entre los deseos propios y las expectativas ajenas. Recuperar la soberanía mental requiere fomentar la realidad tangible y establecer límites claros frente al mundo virtual.

Cuenta con una valiosa trayectoria en el mundo editorial para productos impresos y digitales participando en los procesos de corrección, edición e investigación.

